|
Amparados por los nuevos vientos que soplan
en Uruguay a raíz del plan del Gobierno de legalizar la marihuana, unos
productores y consumidores de esa droga han creado un concurso para
descubrir quién cultiva el mejor cannabis del país a través de una
singular cata rodeada de secretismo.
Laura Blanco,
organizadora de la llamada Copa Cannabis, que también cuenta con una
sección internacional, expresó la intención de los
responsables de la competición de realizarla anualmente, algo que ella
ve muy probable tras el éxito cosechado en la primera edición.
Además, confía en que el concurso, celebrado a fines de julio en un
edificio particular del barrio de El Prado de Montevideo, pueda hacerse
de una forma más pública si prospera el plan gubernamental.
Este año la Copa Cannabis no contó con ninguna difusión en prensa y
apenas se supo de su existencia varios días después por un artículo de
un cronista argentino que en realidad concursó en la cata y es "un
activista" que sigue el tema en Uruguay desde hace tiempo, confesó
Blanco.
Desde las diez de la mañana hasta las siete de la
tarde del domingo 29 de julio unas 300 personas circularon por el
recinto del certamen, en el que concursaron unos sesenta cultivadores
locales y foráneos aportando 500 pesos (unos 25 dólares) para comida y
bebidas, ninguna alcohólica.
El noventa por ciento de los
aspirantes, cuyas edades oscilaron entre los 19 y los 60 años, fueron
hombres, y entre los ganadores estuvo un argentino apodado "Chirry".
Según Blanco, las muestras fueron recibidas un mes antes,
fotografiadas y clasificadas, y el jurado dispuso de los cuatro días
previos para catar el producto, algo que hizo con vaporizadores en lugar
de cigarrillos y con una sola inhalación por muestra.
Se evalúa "no solo la sustancia, sino la presentación, el sabor, el color, el olor y por último el psicoactivo", detalló.
"El día fue fantástico, la gente es muy pacífica, se divierte mucho,
no hubo ningún inconveniente en toda la jornada", narró la activista,
presidenta de la Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay (AECU),
entidad organizadora y una de las más activas del sector.
En
Uruguay no está prohibida la tenencia de marihuana para consumo personal
pero sí la comercialización del producto, que puede ser sancionada con
entre 20 meses y 10 años de cárcel, así como su cultivo.
Sabedores de que la Copa Cannabis se paseó por el filo de la legalidad,
sus responsables solamente permitieron tomar imágenes a un fotógrafo de
la organización.
"El acto en sí era legal pero tenemos que proteger la identidad de los cultivadores", se defendió Blanco.
Fuentes judiciales consultadas por Efe opinaron que "si hubieran
sorprendido a los participantes en esa situación seguramente habría
habido alguna detención o procesamiento por la cantidad de droga
presente y por el hecho de que produjeron estupefacientes".
Para esas fuentes, la cata no deja de ser "una especie de acto de
provocación por parte de las personas que quieren que liberalicen la
marihuana".
Blanco corrobora que el fin último de AECU, un
colectivo de ochenta asociados en un país de 3,3 millones de habitantes,
es "multiplicar los autocultivadores" para desvincular la marihuana de
otras drogas más duras que se venden en los mismos lugares en el
peligroso mercado negro.
Esa es también la razón esgrimida en
junio pasado por el presidente uruguayo, el ex guerrillero de 76 años
José Mujica, al anunciar que despenalizará la marihuana y el Estado se
hará cargo de la producción, distribución y comercialización de la
droga.
Para Mujica, del bloque izquierdista Frente Amplio, el
incremento de los delitos violentos en el país se debe sobre todo al
consumo de drogas duras como la pasta base de cocaína.
Blanco,
de 47 años, contable, actriz y madre de tres hijos, apoya a Mujica sin
reparos con el argumento de que "el primer error es creer que va a haber
mayor acceso que el actual a la marihuana", al denunciar que hoy en día
la droga se puede obtener "en cualquier esquina".
Además
recuerda que la experiencia de países pioneros en la materia como
Holanda "dice que al regular el mercado la cantidad de consumidores
disminuye".
Las autoridades uruguayas niegan que el país se
vaya a transformar en un centro de distribución de droga y que lo
quieran convertir en un destino turístico para consumidores de marihuana
como sucedió en el caso holandés, pues entre otras cosas, para acceder a
ella, el consumidor deberá ser un residente.
|