Latino News and Opinion

La moda de la narco-cultura
Por EFE   
14:04 | 01/03/11
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La moda, la música y la veneración por los cultos de Jesús Malverde y la Santa Muerte gozan de una excelente popularidad en Sinaloa, en el oeste de México, estado-cuna de importantes narcotraficantes y donde la gente común y corriente rechaza ser como ellos, aunque abiertamente les admira.

Jesús Malverde, considerado el "patrón" de los narcotraficantes y venerado como "santo", sin reconocimiento de la Iglesia católica, es un ejemplo a seguir en Sinaloa. Encarna al bandido bondadoso que recuerda al narcotraficante su compromiso con el pueblo.

La Santa Muerte es un culto seguido en todo México por unas dos millones de personas, entre ellas algunos narcotraficantes y delincuentes, que veneran la imagen de una mujer con tez blanca, rasgos finos y larga cabellera.

En Sinaloa y otros lugares de México existe el término "buchón", con tintes peyorativos, que se refiere a aquellas personas fanáticas del mundo de los narcotraficantes que, sin embargo, jamás formarán parte de los grupos criminales.

Pedro Pérez tiene 24 años, es conductor de autobús urbano y siempre ha soñado con ser un hombre respetado, el orgullo de su familia e ídolo de su mujer.

Su primer "narcocorrido" lo escuchó a los 12 años. Era la historia de Lamberto Quintero, un narcotraficante que murió en 1976, "muy cerquita del Salado", como dice la canción.

"Yo no le hago a la droga, nunca lo haré, es algo que mi mamá me enseñó, pero eso no me quita que me encanten los corridos. Me gusta la cerveza y soy un mujeriego descarado", explicó a Efe.

Viste una playera llamativa, con dragones rojos estampados, adornada con brillantes plateados y una gorra de parecida estética, adornada con una hoja de marihuana.

Para Pedro ser llamado "buchón" carece de connotaciones negativas.

"Lo 'buchón', como le dicen, se lleva en la sangre. Es algo que te gusta y ahí te quedas. Yo no le hago a las cosas sucias pero las respeto, es gente que se rifa la vida y por eso las admiras", expresa, al volante de su unidad.

En casi ningún estado mexicano es tan evidente como en Sinaloa, ubicado en el noroeste de México, el aprecio por estos héroes populares en torno a los cuales se ha generado una especie de "narcocultura" irresistible.

Gloria Lizárraga regenta en Mazatlán un negocio de gorras y cinturones. Ha sido vendedora ambulante durante más de 25 años y explica que el precio más alto del negocio lo tienen las hechas con diamantes de imitación y bordados de la Virgen de Guadalupe, Jesús Malverde -el santo de los narcotraficantes- o la hoja de marihuana.

Lizárraga lo ha entendido a la perfección. Ni la ropa deportiva de los equipos ni la del superhéroe de la historieta venden tan bien como una gorra "buchona".

"Todo mundo quiere una, no importa que no sea original mientras dé el 'gatazo' (engañe). Cualquier cosa que parezca que tiene diamantitos les llama la atención", explica.

Ropa, joyería, música y hasta creencias religiosas, ningún detalle se descuida, en todos los aspectos hay un guión establecido.

De ello está convencida Karla Osuna, dependienta de una tienda esotérica, quien afirma que creer en Jesús Malverde o en la Santa Muerte es cuestión de fe y necesidad a la vez.

En su local la norma es clara y abierta: "Todos tienen derecho a rezarle a su Dios", cualquiera que sea.

A Malverde "lo buscan mucho porque es como el patrono, pero ahora también buscan a la Santa Muerte, a ella se le pide protección", agrega esta vendedora de figuras esotéricas.

La admiración por los narcotraficantes desde hace años se plasma en "narcocorridos", composiciones musicales que pregonan historias, justifican las muertes, enaltecen al líder, lo humanizan y a su muerte lo convierten en leyenda.

"Me apodan 'Ejecutor', soy el que cobra las cuentas, soy el que levanta lacras, el que cabezas revienta, el abogado del diablo, verdugo de traicioneros, bajadores y madrinas (chivato) que le sirven al gobierno", señala un fragmento del último éxito en ese género del grupo Komander.

La banda cuenta con miles de adeptos, algunos de los cuales ven en el subversivo criminal a una especie de líder moral cuyo ideario se mueve entre el poder, el lujo y la lealtad, y que se juega la vida a menudo en el negocio.

"No quiero ser como él, no creo que me animara a matar, pero se me enchina la piel de lo bonito que se escuchan las historias, te emocionas es inevitable", comenta Pedro a los mandos de su autobús.

 

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