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Yo, Sor Juana
Por EFE   
11:22 | 01/30/11
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Científicos mexicanos analizarán el ADN de los restos atribuidos a la poeta Sor Juana Inés de la Cruz y los compararán con el de los descendientes de su hermana o el de su sangre plasmada en un documento para verificar su autenticidad, dijo Carmen López-Portillo Romano.

López-Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana de Ciudad de México, explicó que este examen servirá para despejar todas las dudas sobre los restos óseos de la escritora y decidir el lugar en el que deben permanecer.

“El doctor Arturo Romano Pacheco, quien descubrió la osamenta, tiene interés en demostrar la autenticidad”, explicó la rectora, y añadió que otro grupo llevará a cabo una consulta para definir dónde deben reposar los restos, “si en el Claustro, en la Rotonda de Hombres Ilustres (en la capital mexicana) o en Napantla (cercanías de Ciudad de México), donde vivió su infancia”.

La rectora agregó que, en su opinión, deben permanecer en el Claustro, porque la escritora decidió vivir y morir en ese lugar, antiguo convento de monjas jerónimas, donde escribió las comedias y versos que conforman su vasta obra literaria.

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695) vivió su infancia en una hacienda, su adolescencia y juventud con unos tíos y en la corte virreinal, y los últimos 27 años de su vida se recluyó en un convento.

Sus restos fueron descubiertos en 1978, en unas excavaciones en las que afloró una osamenta diferenciada que, “por su nivel, estructura y medidas, así como lo que quedaba del medallón”, se supuso que pertenecía a Sor Juana, explicó la rectora.

Un posterior estudio que tuvo en cuenta sus medidas antropomórficas, sus características físicas y las enfermedades que había sufrido determinó que “había coincidencias con los retratos de Sor Juana”, añadió la rectora.

La experta explicó que la escritora tenía una estatura de 1,53 metros, “era pequeñita y de rasgos gráciles, afilados”.

No obstante, López-Portillo dijo que se quiere tener la certeza de los restos son los de Sor Juana, y para ello se compararía el ADN de los mismos con el de los descendientes de su hermana, la familia Ramírez España, que vive en México.

Otras opción sería la de contrastar los análisis con la sangre que dejó al firmar un documento, casi al final de su vida, en el que fue obligada a escribir “yo la peor de todas”, que se encuentra en la Universidad de Austin en Texas (EEUU).

Sobre las causas de la muerte de la escritora, la rectora indicó que no se han encontrado evidencias claras sobre las epidemias en la Nueva España en 1695, por lo que se cree que pudo deberse a un brote de cólera o tifoidea surgido dentro del propio convento.

Por su parte, la antropóloga Teresa Jaén, que trabaja con los restos atribuidos a Sor Juana Inés, explicó que se había recreado mediante dibujos de expertos la forma en que se encontró la osamenta, con un gran rosario y la base del medallón que llevaban las monjas.

“Fue el único de los entierros que aparece con esta evidencia, con las cuentas del rosario y con el resto de los hábitos porque no estuvo amortajada, los pies estaban separados... al parecer fue enterrada con sus hábitos de lujo, tal como aparece en la pintura”, explicó Jaén.

Agregó que los demás esqueletos están amontonados uno sobre otro, pues los espacios eran muy reducidos.

Precisó que la parte frontal del cráneo está muy destruida por la humedad, aunque aun conserva algunos dientes, pero todos los molares ya los había perdido y “otros se sostienen de milagro, pues en esa época no había dentistas”.

López-Portillo aclaró que aunque se confirme la identidad de los restos de Sor Juana, lo más importante es divulgar su obra y su vida, “pues la mejor manera de honrarla es leyéndola, conocer sus principios, sus ideas sobre la libertad, sobre la aspiración a buscar la verdad y el conocimiento”.

La rectora recordó que el desaparecido Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz pidió que se destinaran más recursos para buscar los textos perdidos de Sor Juana, toda su correspondencia y al menos un tratado de música.

Sor Juana tenía una erudición enciclopédica, “sabía de historia, filosofía, astronomía, física, pensó en la identidad nacional, habló en el siglo XVII de los nobles mexicanos, amaba el conocimiento y la verdad”.

Conocer la vida de la autora de obras como “La carta Atenagórica” y la “Respuesta a Sor Filotea” invita “a ver de otra manera el mundo violento y contrastado que vivimos, Sor Juana sigue vigente hoy más que nunca”, aseguró.

 

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