Ambivalencia en Charlotte

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En el súper martes de 2008, Barack Obama fanfarroneó ante un grupo de seguidores: “Nosotros somos aquellos que hemos estado esperando”. Cuatro años después, miles de demócratas han acudido a Charlotte en búsqueda de un presidente porquien votar. 

En el curso de su presidencia, siempre pareció que Obama necesitaba demostrar que no era blando. No era blando con los sospechosos de terrorismo, ni con la reforma educativa, ni con la inmigración, ni tampoco con la orden de matar a Osama bin Laden. 

Quizás le haya valido desde el punto de vista político, pero no en cuanto a su relación con la base. La base se encolerizó y después se volvió ambivalente. ¿Qué puede hacer un liberal cuando la persona por la que uno votó adopta políticas contrarias a las propias o de las que uno desconfía? No es de sorprender que la base demócrata —en particular los miembros de los sindicatos— demuestren menos entusiasmo por la reelección de Obama. 

Los sindicatos han gastado menos dinero que en convenciones demócratas previas. Los líderes sindicales sostienen que se debe a que el Partido Demócrata escogió sostener el evento en Carolina del Norte —un estado en que rige la ley del derecho al trabajo. Pero pueden estar seguros de que al menos parte de la tibia respuesta se debe a la percepción, entre las bases sindicales, de que Obama ha prestado poca atención a sus inquietudes. 

Generalmente, un político afianza su base y después, tras unos pocos años en su cargo, busca votos adicionales del centro. Obama perdió muchos electores de su base porque buscó el centro inmediatamente. 

Así pues, el esfuerzo de reelección de Obama se ha convertido en establecerse como la campaña anti-Romney. El mensaje: No importa si no les caemos bien, pero voten por nosotros porque el otro tipo es peor. El objetivo de la campaña Obama-Biden en los próximos dos meses es tratar de acentuar los puntos negativos de Romney, sin que le salga el tiro por la culata y suceda lo mismo con el presidente. 

Y recuerden, no se trata de ganar terreno nuevo con los moderados y conservadores. Obama sólo está tratando de volver a donde estaba, infundiendo entusiasmo a sus defensores más liberales. Eso no es suficiente para ganar, pero una campaña debe empezar en algún lado. 

Las encuestas sugieren que podría ser difícil. La contienda está en un empate absoluto, en que Obama tiene dificultad en contar con el apoyo de los hispanos y los jóvenes. La mayoría en ambos grupos apoya al presidente, pero los porcentajes están bien por debajo de lo que eran en 2008. Es la brecha del entusiasmo. 

Según el encuestador James Zogby, Obama tiene el 59 por ciento del voto hispano y Romney sólo el 26,4 por ciento. Un gran sector —el 14,6 por ciento— no sabe por quién votar. Romney necesita obtener por lo menos el 35 por ciento del voto hispano para poder competir. Pero Obama obtuvo el 67 por ciento del voto hispano en 2008. Aunque aún podría mejorar sus cifras para el Día de la Elección, ¿por qué la caída en el apoyo? La respuesta probablemente tenga que ver con las torpes políticas del presidente para imponer la ley migratoria y el número récord de deportaciones, dos aspectos que han devastado a la comunidad de inmigrantes latinos en Estados Unidos. 

Con los jóvenes, Obama obtiene el 56,5 por ciento de los que están entre 18 y 29 años; Romney, el 34 por ciento y un 9,5 por ciento está indeciso. Según el Pew Research Center, Obama obtuvo el 66 por ciento del voto de los menores de 30 años en 2008. Nuevamente, hay un descenso. La mayoría de los expertos piensa que la economía está mitigando el entusiasmo de los jóvenes por Obama. Es difícil sentirse bien con respecto a un presidente y una economía, cuando no se puede encontrar trabajo después de graduarse en la universidad. 

Aparentemente, algo que no es difícil hallar en esta ciudad es una entrada para el discurso de aceptación de Obama, el jueves por la noche. The Associated Press informó que los demócratas están entregando entradas a estudiantes y voluntarios, porque la campaña necesita llenar los 74.000 asientos del Estadio Bank of America. En Tampa, los republicanos exhibieron en forma prominente oradores latinos y afroamericanos, y fingieron que el partido es más diverso de lo que realmente es. Y esta semana, en Charlotte, muchos demócratas se tragarán la decepción y fingirán que están más entusiasmados sobre un segundo período de lo que realmente están.

 

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