Enviado por Eduardo Bechara - nov 10, 2009
El autódromo de Martinsville parece un estadio de fútbol. Su tribuna central conecta por ambos lados con tribunas bajas que forman semicírculos en las puntas. En nada se parece al trapecio de Charlotte, capaz de albergar ciento cincuenta mil espectadores en sus dos millas y media de circunferencia, ni al triangulo de Pocono - más parecido a un hipódromo -, en el que una tribuna acompaña la recta principal. En Dover, altas estructuras de aluminio circundan el óvalo de una milla.