@BarackObama, no estoy aplaudiendo todavía

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Si usted presta atención a los asuntos de inmigración, era difícil ignorar el júbilo este 15 de junio cuando el presidente Obama anunció que, a través de una nota de la fiscalía, su gobierno iba a cambiar la prioridad de las deportaciones de los jóvenes que fueron traídos al país cuando eran niños. Los jóvenes, entre las edades de 15 y 30 que cumplan unos criterios específicos, podrán acogerse a una acción diferida y una autorización de trabajo de dos años.

Así que muchos de mis amigos de Twitter —que incluyen un número de jóvenes indocumentados y muchos defensores de la reforma integral de inmigración— comenzaron a celebrar la tarde del viernes. “Esto es ENORME ENORME ENORME”, tuiteó Jose Antonio Vargas, cuyo articulo de portada acerca de indocumentados había salido en la revista Time el día previo. Una amiga que ha sido activa en abogar por los latinos me envió un mensaje que decía: “que increíble noticia”.

Sí, eso. Excepto que yo no fui una de las que lanzaron confeti o que le enviaron un tuit de “gracias” al presidente. Llámenme cínica o cautelosa, pero estoy dejando la fiesta hasta que esto todo sea más que palabrería o —para usar la frase del columnista del Washington Post Rubén Navarrete— hispandering.

La declaración del presidente, realizado en los últimos meses de su campaña de reelección, da el pegón de ser oportunismo en cuanto al voto latino. Y muchos en Internet comentaron acerca de precisamente eso:

— “¿Te lo guardaste cuatro años y te acordaste a cuatro meses de las elecciones?”, tuiteó el periodista Diego Graglia.

—“Si esto resulta ser otro ... truco publicitario de @barackobama en lugar de un cambio de política, se van a tener que comprar camisetas de teflón”, tuiteó la activista del DREAM-Act, Anja Asenjo.

Muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de la tendencia del presidente de venderle a la comunidad latina bienes que nunca se entregan:

—”La última vez que Obama prometió una revisión caso por caso de discreción fiscal menos del 2% de los casos se completaron”, tuiteó Alfredo Gutiérrez de La Frontera Times.

—“La nota de hoy aclara el Memorándum Morton de 2011 el cual aclaró el Memorándum Morton de 2010. Todos Memorandos, Ninguna Acción,” tuiteó Rigo el 15 de junio. (Rigo es parte de la IYJL y NIYA, los dos grupos que habían instado al presidente a emitir una orden ejecutiva para concederle a los estudiantes elegibles para el DREAM-Act residencia legal y un camino a la ciudadanía).

“Creo que el presidente es valiente”, dijo uno de los periodistas en la sala de redacción de Al Día, después de haber visto a Obama lidiar con un periodista grosero que interrumpió la conferencia de prensa en la Casa Blanca pero antes de que los grupos anti-inmigrantes nacionales hubiesen difundido sus declaraciones de indignación.

“¿Que tiene de valiente?” le contesté de mal modo. “No es una orden ejecutiva. No es el DREAM-Act, ni siquiera es algo parecido. Se trata de un aplazamiento de dos años. Si tienen suerte. Eso es todo”.

“Dos años puede ser un plazo muy importante”, dijo.

Y es la forma en que me lo dijo que me hizo parar de alegar.

De repente me sentí muy consciente de que este reportero pasa por el aro cada año para obtener su re-autorización de trabajo para poder permanecer en este país legalmente y cumplir con el trabajo para el cual tiene un don. Supongo que no hay modo de pasar por el proceso sin preocuparse un poco que algún día algo pueda ir mal y que no pueda regresar de nuevo a la vida que él se ha hecho en Filadelfia.

Algún día, me ha dicho, le gustaría tener una residencia permanente (la mentada “tarjeta verde”). Pero sólo un pequeño número de tarjetas verdes se emiten para los profesionales y trabajadores calificados provenientes de México (un poco menos de 6.000 fueron emitidos en 2010, por ejemplo) y ya que México es su país de origen, también está excluido de entrar en la lotería de visas de diversidad donde se seleccionan, al azar, a 100.000 ganadores de tarjeta verde entre los millones de solicitantes.

Hay gente que tiene tal deseo de quedarse aquí, en este país del alma, que casi da pena escucharlos. “Esto es real”, tuiteó Bessuvia, un activista del DREAM-Act, que siguió su tuit con el hashtag “#lágrimas”.

“Lo primero que hago es conseguir una licencia de conducir”, tuiteó Gaby Pacheco, otra activista del DREAM-Act, muy emocionada acerca de algo que a nosotros los documentados y ciudadanos casi ni le prestamos atención. 

Y ahí está en plena vista el meollo del asunto: La gente está celebrando este pequeño paso de  Obama como si fuera enorme, porque aun los pequeños pasos han sido tan pocos y tan difíciles de ganar.

Y tan preciados.

Esa es la parte que no quiero olvidar. Ni quiero que el presidente lo olvide tampoco.

 

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