El “tumor” financiero lo venía incubando de muchos años atrás la economía norteamericana con las prácticas liberales del sistema bancario y entidades financieras propias de una filosofía económica liberal que imperó en las ultimas dos décadas, bautizadas por los académicos como “neoliberalismo económico”.
Las libres fuerzas del mercado eran el motor que multiplicaban riqueza; cualquier intervención del Estado estaba proscrita y solo era propia de los regímenes socialistas.