En defensa de la autodeportación

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Permítanme decir unas pocas palabras en defensa de una idea que es tan simple y tan llena de sentido común que no debería ser necesario defenderla: la auto-deportación de los inmigrantes ilegales. 

La idea de que los que no pueden encontrar trabajo en Estados Unidos decidan volverse a su país de origen es infinitamente más humana de lo que ocurre ahora, cuando el torpe gobierno federal se encarga de arrestar, detener y expulsar a los inmigrantes ilegales. También, al permitir irse del país voluntariamente se toma el destino de una persona de manos del gobierno y se lo devuelve al individuo, que está mejor preparado para tomar decisiones personales para él y su familia. Y, finalmente, la auto-deportación es más ordenada y permite que las familias queden intactas, en lugar de lo que está ocurriendo habitualmente todos los días bajo el gobierno de Obama —familias divididas en ambos lados de la frontera, niños despojados de sus padres, etc. 

He pensado en este asunto durante un tiempo. Hace unos años, escribí una columna urgiendo a los inmigrantes ilegales que estaban luchando para sobrevivir durante la crisis económica a que se fueran voluntariamente a casa. En aquel momento se estaba produciendo una especie de proceso invertido de envío de dinero. En lugar de ser los inmigrantes ilegales los que enviaban dinero a México, los que estaban en México enviaban dinero a hijas e hijos desempleados en Estados Unidos. Puesto que los inmigrantes mexicanos típicamente van al norte para mejorar la situación económica de los miembros de su familia que permanecen en su país de origen, no tenía sentido que estuvieran recibiendo regalos de dinero, cuando eran ellos los que tenían que estar enviando los regalos. Por eso, sugerí que cambiaran de estrategia y se volvieran a casa. 

Ahora Mitt Romney está diciendo lo mismo, pero está comunicando su posición con muy poca claridad. Suena como si quisiera hacer la vida de los inmigrantes ilegales sumamente intolerable para que ellos nos ahorren el trabajo de tener que deportarlos y simplemente se vuelven por propia voluntad. 

Durante una entrevista con la estación Radio-Bilingüe, de habla hispana, el locutor Samuel Orozco sugirió a la portavoz de Romney, Sharon Castillo, que esto es precisamente lo que está planeando el candidato republicano para los inmigrantes ilegales— “hacerles la vida tan imposible que tengan que irse del país”. 

Ay, ay, ay. Comprendo que los defensores de Obama no tienen fundamento para defender las políticas migratorias ni el millón y medio de deportaciones récord del gobierno, por lo que prefieren hablar de otra cosa. Pero los que critican el enfoque de Romney han perdido totalmente la perspectiva. 

¿Quieren hablar de hacer la vida imposible a alguien? Muy bien. Hay cantidad de desgarradoras historias en que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, en los Estados Unidos de Obama, han abierto puertas a golpes blandiendo armas, arrastrando a los inmigrantes fuera de sus casas en medio de gritos de niños, les han puesto grilletes y transportado bajo custodia armada, como si se tratara del cabecilla colombiano del narcotráfico, Pablo Escobar. Una investigación del programa “Frontline” de PBS, documentó casos de funcionarios de inmigración que colocaron a gente en centros de detención donde se los abusa física y sexualmente. Según artículos periodísticos, funcionarios de inmigración también privaron a detenidos del acceso a un abogado, durante largos períodos de tiempo, llevándose a sus hijos nacidos en Estados Unidos e instalándolos en casas de acogida para ser criados por extraños. 

En cambio, Romney ha dicho repetidamente que no cree en hacer redadas y deportar a millones de inmigrantes ilegales. De ahí surgió la idea de la auto-deportación. 

De hecho, los de la extrema derecha probablemente piensan que Romney se ha vuelto blando con la inmigración. Y los de izquierda, que instintivamente se oponen a todo lo que él dice, necesitan pensarlo mejor. Como respuesta a preguntas de los medios en español, Romney está prácticamente declarando que, si resultara electo, concedería a los inmigrantes que ya están aquí una amnistía de-facto, sin duda para agradar a la comunidad empresarial, que tiene un insaciable apetito de trabajadores migrantes. 

Saben cómo funciona. Si esta gente no se vuelve a su país por sí sola, Romney sin duda no los obligará a partir. Este plan es su respuesta a “No pregunten, no digan”. Podría llamárselo también: “No se vayan, no los cazaremos”. 

Mientras tanto, los defensores de Obama insisten en que al presidente realmente le importa lo que les ocurra a los inmigrantes ilegales, que su número récord de deportaciones es simplemente el resultado de obedecer la ley, y que está comprometido con la reforma migratoria en un segundo período. 

Así son las cosas. Los republicanos están procurando la auto-deportación. Los demócratas se conforman con el auto-engaño.

 

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