Entre Republicanos: Radicales Internos

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   San Diego--  ¿Qué tienen que ver las iniciativas de extensión hacia los latinos del Partido Republicano con las audiencias del Congreso sobre la comunidad musulmana de Estados Unidos?  Más de lo que uno piensa.

    Hace un par de meses, hablé con un prominente republicano, un ex senador nacional, que quería saber cómo podría obtener el Partido Republicano una apreciación justa de los electores latinos, a la luz de la división que se ha creado entre las dos entidades debido a la inmigración y a la manera maliciosa en que algunos republicanos tratan ese asunto.

            Insistí en que, como mínimo, los republicanos moderados deben denunciar públicamente a aquellos de la extrema derecha que tienen escarceos con el racismo dirigido a los latinos y distanciarse de ellos. De lo contrario, expresé, el Partido Republicano no tiene posibilidades de obtener suficiente apoyo latino para mejorar sus posibilidades electorales el año próximo. Y, agregué, en el futuro las cosas empeorarán, debido a los cambios demográficos y el crecimiento del electorado latino.

            El ex senador lo comprendió. Procedió después a establecer un brillante paralelo entre lo que yo estaba diciendo y lo que muchos estadounidenses quieren y esperan de los estadounidenses musulmanes moderados —simplemente, como mínimo, que condenen públicamente los actos de terrorismo y los elementos extremistas dentro de su comunidad. Si los moderados no desean hacer ni siquiera eso, dijo, terminan potenciando a los extremistas y haciendo que unas pocas manzanas podridas parezcan ser muchas más.

            Lo que nos lleva al representante Peter King, republicano por Nueva York, y su decisión —como presidente del Comité de Seguridad del Territorio de la Cámara— de sostener audiencias para determinar si los terroristas han “radicalizado” con éxito a elementos de la comunidad musulmana de Estados Unidos. A King le preocupa que los líderes estadounidenses musulmanes moderados no hayan hecho oír suficientemente sus críticas de los elementos extremistas, y quizás la existencia de evasivas ante los organismos de seguridad tales como el FBI, mientras éstos intentan impedir actos de terrorismo.

            Pocos asociados con estas audiencias dirían lo siguiente en voz alta: El propósito detrás de estas audiencias es que los estadounidenses musulmanes garanticen a King, y a la numerosa gente que comparte sus inquietudes, que éstas son infundadas y que los estadounidenses musulmanes son tan patriotas y fiables como cualquier otro grupo. Tal espectáculo continúa la desagradable tradición estadounidense de cuestionar la lealtad de los grupos étnicos —el ejemplo más tristemente famoso fue el que involucró el escrutinio de los germano-americanos durante la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Y está casi a un paso de requerir juramentos de lealtad —un capítulo de nuestra historia que no vale la pena revivir. No es de sorprender que los críticos teman que las audiencias resulten ser contraproducentes y creen aún más prejuicio y hostilidad hacia los estadounidenses musulmanes.

            Estoy de acuerdo con que las audiencias son una mala idea, incluso una idea peligrosa. Le hubiera convenido más a King escudriñar todo tipo de grupos y no sólo uno. Y sin embargo, cuanto más pienso sobre el asunto, más aprecio la pasión de King por la causa de descubrir radicales. Por lo tanto, propongo una importante tarea para él.

            Si King realmente desea imponer severas medidas contra extremistas que amenazan las instituciones y tradiciones de este país, puede comenzar concentrándose en elementos de su propio partido. Todo lo que tiene que hacer es cambiar el tema del terrorismo a la inmigración, y encontrará todos los radicales que quiera —casi todos ellos republicanos.

            King podría comenzar con esos legisladores estatales y federales dentro del Partido Republicano, que desean reproducir el desagradable experimento de Arizona de asignar a la policía local la tarea de hacer cumplir la ley de inmigración. Después podría pasar a los que están dirigiendo una maliciosa campaña —tanto en el ámbito estatal como federal— para modificar la 14° Enmienda, a fin de negar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes ilegales, nacidos en Estados Unidos. King también podría regañar a esos republicanos que llegan a comparar a los inmigrantes con animales e insectos. Y finalmente, debería sancionar severamente a esos miembros del Partido Republicano que —mientras insisten en que ellos sólo quieren detener la inmigración ilegal— también tratan de limitar el número de inmigrantes que ingresan en los Estados Unidos legalmente.

            Ninguna de estas conductas es útil. Algunas son maliciosas. Todas son divisivas. El debate de la inmigración se merece un nivel más elevado, especialmente en un país construido por inmigrantes. Podemos hallar soluciones sin pintar al prójimo como el problema.

            Ése es el mensaje que los latinos, y otros estadounidenses, necesitan escuchar de los republicanos —suponiendo que haya aquellos suficientemente valientes para propagarlo.

            Congresista King, sea el primero.

© 2011, The Washington Post Writers Group

 

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