Las otras luces de la Navidad

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Cualquier Navidad que se precie, debe ir precedida de un liturgia en la que no debe faltar luces, muchas luces, tantas, como para dejar miope a quien entre por la puerta de la casa. Además, debe tener un orondo Santa Claus, o tal vez más de uno, allá donde exista un espacio libre dentro y fuera de la vivienda, siempre y cuando tenga el permiso de esa maraña de luces que llegan literalmente a envolverlo todo, como si se tratase de una caja de regalo. De igual modo, no deben faltar esos ciervos y renos que se suelen aparcar en el césped, además de un aluvión de muñecos y siluetas de cartón piedra, mimbre o cualquier material, mecanizados y que adquieren un gran realismo.

El árbol de Navidad es el clásico e ineludible objeto que no debe faltar, cuanto más alto mejor, y cuantos mas ornamentos pendan de él, demostrará el amor que se le tiene a estas fechas, y que es posible competir con las más elitistas decoraciones del barrio. Luego están las velas, a las que se debería dedicar más de un capítulo, ya que la industria de la cera se frota las manos por esta época, realizando auténticas obras de arte. Por no mencionar ese arsenal que llena las estanterías de los grandes almacenes, que se podría denominar el “kit navideños”, que va desde el propio menaje, a las mantelerías y tapetes con la que vestir mesas, cocinas, baños, e incluso el propio cuerpo para ir en consonancia.

Toda esta parafernalia desemboca en el frigorífico, que por supuesto debe estar ya a estas alturas repleto de ricas viandas, y que lo más seguro, es que terminen empachando al personal mas glotón. Y lo que es seguro, es que la nieve, el único ingrediente gratuito de la fiesta, termine de confeccionar la postal navideña.

Resistirse a todo ello parece misión imposible, sobre todo, cuando uno se siente imbuido de ese llamado “espíritu navideño” que todo lo invade, y que suele dejar las tarjetas de crédito temblando. Y es que todavía no nos hemos adentrado en el apartado de los regalos; que de eso dan buena cuenta los anuncios televisivos, con el bombardeo incesante de que si no consumes, no estás contribuyendo a la prosperidad de tu país.

La Navidad puede ser un exceso e innecesario derroche de luz, que puede acabar con las previsiones de suministro eléctrico. Una decoración empalagosa, en la que en la mayoría de los hogares, falta el único motivo que da sentido, y por excelencia, el más representativo; y que no es otro que el nacimiento. Y si se da por descontado que el nacimiento representa austeridad y el reencuentro con la inocencia, seria preceptivo dejar a un lado las ostentaciones, y mantener la ingenuidad de ese niño que no tiene poder adquisitivo para comprar elefantes de colores, ni imaginar lo que no puede alcanzar.

Y si la navidad debe estar al alcance de los niños, y no a merced de las grandes multinacionales que venden ilusiones previo pago de su importe, también debería ser un espacio común, para todo aquel que crea en la utopía de renovar el mundo, confiar en el ser humano como motor de un desarrollo más solidario, o cimentar sus propios quimeras para no seguir creyendo, que hay que pagar un peaje demasiado caro por vivir.

Y si los niños son los auténticos protagonistas de la Navidad, no lo son menos todos aquellos que se ven desposeídos de lo más básico. Puede ser el vecino de aquel, cuya luminaria hogareña le está deslumbrando, al que la crisis económica le dejo a la sombra de la vida, al que la familia le fue abandonando lentamente, al que a fuerza de soñar se quedó sin sueños, o al que las circunstancias le han hecho perder su propia identidad.

Cuando un país vive tan solo de puertas adentro, o de cara a una galería con la que competir a diario, tal vez se olvida de un mundo que poco tiene que ver con los destellos que irradia su hogar. Cuando los individuos compiten por poseer una mejor imagen con la que celebrar la Navidad, tal vez se olvidan también, que están desafiando a su propia esencia.

A veces la hojarasca no permite ver el bosque, y a veces la Navidad se llega a confundir con la fiesta pagana que no tendría la menor trascendencia, si no fuese porque tras dos meses o más de derroche energético, la factura eléctrica se ha disparado, así como las facturas del banco. Si la Navidad fuese un don, más que una obligación en la que empeñar tanto esfuerzo y dinero, adquiriría su primitivo e inherente simbolismo. Una dimensión que alcanzaría a todos por igual, sin tener en cuenta su cuenta corriente.

 

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7 Comentarios
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Navidad en mi pueblo sin luces
Escrito por Denise, diciembre 27, 2009

Maria del Mar lleva mucha razon. Hay que tomar ejemplo de mi pueblo, enbed de poner luces este ano ha dado trabajo por 3 meses a 3 personas en paro y comida a familias necisitadas y no a la compania electrica. Esta consumismo esta saliendo de las manos. Mar tiene tiene una forma de llegar a la gente con su teclas.
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confusion
Escrito por Carmen Morillas Diaz, diciembre 29, 2009

Es cierto lo que nos dice este articulo, confundimos todo, y la verdadera Navidad es el desprendimiento no el consumismo. Es darle al qie no tiene y podemos dar tantas cosas.... amor, caridad,
entrega, tolerancia etc.. Todo esto está bien que se recuerde con frecuencia. Gracias Mº del Mar.
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Confusion
Escrito por Carmen Morillas, diciembre 29, 2009
Es cierto todo lo que se dice en este articulo
LA VERDADERA nAVIDAD ES LA ENTREGA, NO EL CONSUMISMO.Y podemos dar tantas cosas.....amor, desprendimiento,caridad. compañia, tolerancia etc etc. Esta es la verdadera Navidad y no está de más recordarlo. Gracias Mª del Mar
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de nuevo un gran artículo
Escrito por Miriam, enero 07, 2010
Gracias Maria del Mar por hacernos reflexionar sobre el verdadero sentido de la Navidad. Debemos dejar de buscar más las sensaciones y los adornos externos y ocuparnos más de los internos, se ser más y mejores personas todos los días del año no sólo de forma hipócrita durante estas dos semanas. Muchas gracias de verdad por seguir ahí, ánimo y adelante con este hermoso proyecto. Una fiel lectora
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Gran reflexión
Escrito por María, enero 07, 2010
Estoy totalmente de acuerdo. Me ha gustado mucho este nuevo artículo. Realmente nos quedamos muchas veces en las luces y no somos capaces de ir más allá, de vivir realmente el espíritu de la verdadera Navidad, el amor y la paz. Por ello de corazón muchas gracias y sinceramente FELIZ NAVIDAD
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Buen artículo
Escrito por Raquel, enero 08, 2010
Me ha gustado mucho este artículo. Hace pensar sobre la verdadera Navidad, lo que debería realmente ser para la humanidad, lo que deberiamos ser los unos para los otros y no solo en estos dias, al igual que el Niño Dios deberiasmos ser don, darnos a los demás con la humildad y sencillez de el Portal de Belen. Feliz Navidad durante todo el 2010
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Feliz Navidad
Escrito por Mª Jose, enero 08, 2010
Muy buen artículo, estoy de acuerdo en que todos tedríamos que pensar un poco más sobre como vivimos la Navidad y sobre la superficialidad mercantilista con que nos inundan en estas fechas. Gracias por seguir sorprendiendo otra vez con tus artículos
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