Nuestro hombre en Filadelfia

[Sin etiquetar] 
-

En el campo de fútbol americano, Steve Van Buren rompió barreras como running back; fuera del campo, decidió no hacer lo mismo

Steve Van Buren, quien murió el 23 de agosto en Lancaster, Pensilvania, era conocido como un running back fuerte con una cabeza de Frankenstein. En la universidad jugó para los Tigres de LSU, y de 1948 a 1949 llevó a los Eagles de Filadelfia a dos campeonatos seguidos. Cuando se retiró en 1957, era el líder en yardas con 5.860, y fue elegido en 1965 al Salón de la Fama, convirtiéndose así en el primero de los Eagles en recibir dicho honor.

Aquellos “Iggles” de esa época eran conocidos como un grupo asociado con la clase trabajadora, y personificados por Churck Bednarik. Van Buren —criado en Nueva Orleans— encajó perfectamente con el molde, luego de haber abandonado la escuela secundaria durante dos años para trabajar en una fundición de hierro. Lo que los obituarios y los recuentos de su vida tienden a pasar por alto, es que él nació de padre estadounidense y madre hondureña. A menos que haya sido española. Como mucho sobre los primeros años de Van Buren, es difícil llegar al fondo de tantos reportes contradictorios. Bueno, empecemos por el principio.

Steve Van Buren nació el 28 de diciembre de 1920 en la ciudad portuaria de La Ceiba, Honduras. Su padre era Wood Van Buren, un inspector norteamericano que trabajó para Standard Fruit Company, uno de los precursores de Dole. A menos que haya nacido en Tela, otra ciudad portuaria en la zona, lo que haría más probable que Wood hubiera trabajado para United Fruit (Chiquita hoy en día). O tal vez era holandés. Pero cualquiera que haya sido su nacionalidad, los padres de Wood definitivamente vivieron en Nueva Orleans, a donde se exportaban grandes cantidades de plátanos hondureños.

Wood se casó (o quizás no) con una chica llamada Leñare —algunas fuentes aseguran que era española, aunque eso me suena un poco como los comentarios que hacía mi abuela con tal de rastrear su supuesta ascendencia criolla y pura a algún virrey de México o algo similar.

En todo caso, Wood y Leñare tuvieron cinco hijos —o quizás ocho— antes de que ambos murieran a causa de algo que nadie conoce. Estamos hablando de Centroamérica en 1929 o 1930, entonces podría haber sido la fiebre amarilla, el parto, el crimen, o incluso el suicidio (la Gran Depresión golpeó fuerte el negocio del plátano y muchas personas de nivel gerencial en Honduras de repente se quedaron sin trabajo). Cualesquiera que hayan sido las causas, Steve, el huérfano de 10 años, junto con sus cuatro (o siete) hermanos, fue enviado a vivir con sus abuelos en Nueva Orleans.

Cuando era niño, Van Buren era delgado, y, más tarde le diría a un reportero: “En Honduras, yo era demasiado joven para jugar algo más que juegos para correr. Nosotros nunca habíamos oído de fútbol americano.”

Cuando tenía 15 años, más o menos, “mi primer año en Warren Easton High School en Nueva Orleans,” dijo, “solía ver a los otros chicos jugar fútbol americano. Me parecía un buen juego, así que intenté ingresar al equipo. Pero yo solo pesaba 125 libras, y el entrenador solo me dejaba correr, no jugar ni participar. Cuando llegaba el momento de jugar de verdad, me decía que lo olvidara. Él tenía miedo que yo saliera lastimado”.

Fue la fábrica de hierro la que lo convirtió en un jugador de verdad. “El trabajo de la fundición fue duro”, dijo simplemente, de la misma forma en que decía casi todo, “pero me gustó, y me hizo crecer”.

Cuando regresó a la escuela secundaria, medía casi 6 pies de altura y pesaba 155 libras. Fue suficiente bueno para obtener una beca de LSU, donde aumentó de peso hasta llegar a 210 libras y pasó algunos años bloqueando al tailback y estrella, Alvin Dark. En 1943, su último año de universidad, obtuvo la mayoría de los deberes que conllevan cargar la pelota y obtuvo resultados al finalizar en segundo en la nación en yardas con 847 y primero en marcación de goles con 98 puntos (14 touchdowns y 14 puntos extras). Marcó dos touchdowns en la victoria del Orange Bowl de los Tigres frente a Texas A&M y fue nombrado el jugador más valioso. 

Cuando el ejército rechazó a Van Buren debido a una lesión misteriosa en el ojo que sufrió cuando estaba en Honduras, Filadelfia fue persuadido a darle un pase y, de inmediato, él ayudó a convertir al equipo en un contendiente de los playoffs. En sus primeros 10 años, los “Iggles” terminaron con una o dos victorias (en un calendario de 11 partidos) siete veces. Nunca habían terminado por encima de .500 (a excepción de una temporada durante la guerra en la que se fusionaron con Pittsburgh, jugaron como los Steagles y terminaron 5-4-1).

En el primer año de Van Buren, Filadelfia quedó 7-1-2 y perdió los playoffs por un pelo. Un par de años después, en 1947, el equipo perdió el campeonato, 28-21, ante los Cardinals de Chicago. Al año siguiente, los Eagles volvieron al juego titular y a una revancha con Chicago. En lo que llegó a ser conocido como el Bowl de Ventisca, ganaron, 7-0, gracias a un touchdown de cinco yardas por Van Buren. Al año siguiente, Bednarik se unió al equipo, y Filadelfia tuvo la temporada más dominante en toda su historia, con 11-1 y superando a sus oponentes en puntos 364-134.

El campeonato fue contra los Rams de Los Ángeles en el Coliseo. “Temprano en el juego”, recordó Van Buren, “fui golpeado fuera del campo cerca del banquillo de Los Ángeles. Uno de sus jugadores dijo, ‘te vamos a matar, Steve’. Me puse furioso. Le dije a [Quarterback Tommy] Thompson ‘Dame la pelota’. Y así lo hizo”. Ciento noventa y seis yardas después, Fíladelfia obtuvo una victoria de 14-0 y dos títulos consecutivos.

“Cuando Steve llevó la pelota, le inyectó miedo en el corazón a la defensa”, dijo su compañero veterano, Russ Craft. “Él se inclinó hacia delante tanto y corrió con tanta fuerza que se podía ver la tierra volar de sus zapatos. Cuando conectó con la línea, parecía un bulldozer pasando por una cerca”.

Esas cercas blancas de madera, típicas de la cultura americana, fueron quizá algo Van Buren no entendió por años después de haberse mudado a los EE.UU. cuando era un niño en 1930, pero en 1951, seguramente sabía quién era Tom Sawyer, y conocía aquella famosa escena de Norman Rockwell en lo que pinta precisamente una de esas cercas blancas. Ese año, un lineman llamado Ray Romero, hijo de inmigrantes mexicanos a Wichita, Kansas, se unió al equipo. Romero, quien fue considerado lo único latino en la NFL esa temporada, se sorprendió y emocionó al darse cuenta de que Van Buren, una de “las grandes estrellas” de su equipo, hablaba español. 

Después de retirarse, Van Buren vivió el resto de su vida en Lancaster, un hombre genuinamente modesto que siempre se sorprendía cuando la gente expresaba su admiración o interés. Y nunca se consideró un latino. Esas dos cosas fueron vinculadas de alguna manera en este extraordinario atleta. Como gran parte de él, es difícil determinar exactamente cómo fue que sucedió.

Bill Vourvoulias escribe sobre cultura y deportes PARA Al Día Café. Es escritor y editor, oriundo de Guatemala, y vive en la ciudad Nueva York. Ha trabajado y/o escrito para las revistas The New Yorker, Time, Newsweek, Rolling Stone, Playboy, Vogue Men, Radar, Interview y la revista de ESPN; y el periodico el New York Times, entre otras publicaciones. Lea sus artículos en inglés en v.asinvictor.com. Síguelo en Twitter: @bvourvoulias.

 

Hits: 1748
0 Comentarios
Su opinión es importante. Escríbala aquí.

Decálogo del comentarista responsable de pontealdia.com

El derecho constitucional nuestro y de nuestros lectores a la libre expresión es irrenunciable. No obstante, son inadmisibles los comentarios que contengan:

1. Lenguaje vulgar, obsceno u ofensivo 6. Retórica de odio
2. Ataques personales 7. Comentarios racistas, sexistas o contra minoría
3. Mensajes que inciten a la violencia 8. Publicidad
4. Textos amenazantes 9. Basura
5. Acusaciones sin fundamento (calumnias) 10. Gritos (SOLO MAYÚSCULAS)

busy