Pelea por los derechos

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La controversia creada por Chick-fil-A nos recuerda, una vez más, que cuando se trata de derechos, muchos estadounidenses no comprenden las cosas. 

Algunos dicen que los derechos son muy importantes para ellos —pero sólo cuando se habla de los suyos propios y no los de los demás. Cuando uno ejerce su derecho a la libre expresión o a la participación política en forma que sus adversarios no aprueban, ellos mantienen la prerrogativa de castigarlo hasta que entre en vereda. Y si uno no está de acuerdo con las tácticas de ellos, ellos pueden decidir que es uno el que debe ser castigado —incluso si uno es un aliado que normalmente coincide con sus ideas. 

No es una buena manera de hacerse amigos y hay mejores formas de encontrar apoyo para una causa. Sucede en todo el espectro político. Aún así, es especialmente irónico cuando proviene de los liberales que han intentado, en el curso de los años, de ser considerados más tolerantes que los conservadores, cuyas opiniones ahora tratan de silenciar. 

El último blanco es Dan Cathy. En una entrevista con Baptist Press, el presidente de la cadena de restaurantes Chick-fil-A dijo: 

“Nosotros apoyamos mucho a la familia —la definición bíblica de la familia. Nuestra empresa es propiedad de una familia, está liderada por una familia y estamos casados con nuestra primeras esposas. Agradecemos a Dios por ese hecho. ... sabemos que quizás no sea popular con todos, pero gracias a Dios, vivimos en un país en que podemos compartir nuestros valores y operar sobre la base de principios bíblicos”. 

Cathy también expresó que la empresa era “culpable de lo que se le imputa” por apoyar “la definición bíblica de la unidad familiar”. El apoyo incluye varios millones de dólares en contribuciones, que la Cathy Family Foundation ha donado a organizaciones conservadoras que se oponen al matrimonio gay. 

Los que defienden el matrimonio gay se indignaron. Es difícil saber si lo que los indignó fue el apoyo de la familia Cathy al matrimonio tradicional o el hecho de que lo fundamentara en sus creencias religiosas. También podría haber sido su franqueza. 

En lugar de retractarse, Cathy más tarde se explayó en una entrevista radial:

“Pienso que estamos invitando el juicio de Dios sobre nuestra nación cuando levantamos el puño ante él y  decimos, ‘Sabemos mejor que tú lo que constituye un matrimonio,’” dijo. 

Cathy no tuvo que preocuparse por el juicio de Dios, pero los activistas a favor del matrimonio gay hicieron un llamamiento a un boicot de los 1.600 restaurantes de la cadena con sede en Atlanta. 

Mientras tanto, los políticos demócratas pensaron que utilizarían este asunto para congraciarse con un electorado cada vez más elocuente y poderoso, que recuerda a sus amigos además de castigar a sus enemigos. 

El alcalde de Boston, Thomas Maino, escribió una carta a Cathy en la que decía: “No hay lugar para la discriminación en el Camino a la Libertad de Boston ni tampoco lugar para su empresa junto a él”. 

Entonces ahora, ¿no hay discriminación en Boston? Eso será una novedad para muchos latinos y afroamericanos que se han quejado durante mucho tiempo de que se les negaban oportunidades en esa ciudad, especialmente en los departamentos de policía y bomberos. 

El alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, anunció su apoyo a la campaña de un concejal para bloquear un Chick-fil-A planeado en su distrito. “Los valores de Chick-fil-A no son los valores de Chicago”, dijo Emanuel. 

¿Cuáles son esos valores? ¿La libertad de expresión? ¿El derecho a dar dinero a los grupos que uno desea apoyar? ¿Esas cosas no son populares en Chicago? ¿Y podemos suponer que todos los residentes de la Ciudad Ventosa apoyan el matrimonio gay? 

Yo apoyo el matrimonio gay. No siempre lo he hecho, pero en el curso de los años, con los persuasivos argumentos de familiares y amigos, he llegado a esa conclusión. Las uniones civiles no son un substituto de la igualdad matrimonial. 

La conveniencia política tampoco es un substituto del valor. Los políticos que recaudan millones de dólares en contribuciones provenientes de seguidores gay y lesbianas, pero que después apoyan leyes tales como la Ley de Defensa del Matrimonio deberían avergonzarse. 

Hablemos de derechos.

Cathy tiene derecho a decir lo que dijo y Chick-fil-A tiene derecho a financiar a grupos que se oponen al matrimonio gay. Y la gente tiene derecho a demostrar su apoyo comiendo en ese negocio. 

Por otro lado, los defensores del matrimonio gay tienen derecho a criticar a Cathy, boicotear su empresa e instar a los demás a no comprar sus productos. 

Pero ningún bando tiene derecho a tratar de evitar un debate importante silenciando al otro bando. 

Y en cuanto a los políticos falsos y oportunistas, ellos tienen derecho a su hipocresía.

 

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