Siempre nos quedará la Alpujarra

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          Recuerdo cuando hace algunos años, el redactor jefe del periódico para el que trabajaba, me mandó hacer un reportaje sobre un acto que por aquellos días se celebraba. Y el resultado fue que me faltó poner algo de garra a aquel episodio, y un gran cúmulo de imaginación, para llegar indemne hasta la última línea, sin perder los papeles. Con el paso del tiempo, aprendí que no solo las emociones más inherentes, eran las que hacían que el papel adquiriese vida propia, sino también, poder transmitirlas con la misma intensidad.

            Apropiándome de esa máxima que dice que cada persona tiene su minuto de gloria, que sería lo mismo que concederme una licencia, si me otorga el beneplácito, que espero que así sea, me gustaría traspasar las fronteras del tiempo, para situarme en un lugar que a la mayoría les es completamente ajeno y lejano, pero tal vez sea posible acortar distancias, si la memoria y la buena voluntad lo permite.

            Y este lugar se llama las Alpujarras, una zona geográfica del sur de España, que corona con sus montañas y sus pueblos suspendidos entre valles y barrancos, las provincias de Granada y Almería. Pero es concretamente en Granada, en donde aludir a las Alpujarras, es como evocar el paraíso. Allí el tiempo dejó de contar los días, las estaciones y casi los recuerdos, porque añadir algo más a lo que ya tenía, era prácticamente innecesario. Sin embargo, todavía conserva historias, para todo aquel que quiera escucharlas a la sombra de cualquier higuera, ya que la memoria le alcanza a su época ibera y celta, aunque la que tal vez le dejase una huella más profunda, fuese cuando se convirtió en el último refugio de los moriscos, tras la caída del reino nazarí, allá por el 1492, pero eso, ya es otra historia.

            Por aquellos senderos, los olivos crecen junto a granados, y los viñedos junto a los naranjos, almendros o castaños, que en la mayoría de las ocasiones, nadie haga germinar sus semillas. Porque allí el aire es capaz de convertirse en brisa, y hacer brotar de la tierra, y casi sin clemencia, la exuberancia cromática, que solo un microclima como éste, ha sido capaz de generar tanto anacronismo. Quizás en franca reconciliación, con una tierra que se volvió cruenta por tanta batalla, cuando España se vio enfrentada a ella misma. Pero de todo ello, solo han quedado vagos recuerdos y mucho respeto, y es allí, en donde el trópico y la nieve casi perpetua se dan la mano, y en donde dar buena cuenta de uno de los jamones serranos más apreciados del mundo.

           Y ha sido en ese marco, en donde por primera vez y después de muchos intentos fallidos de nuestros padres, la familia Villanueva se ha reunido, venidos desde los puntos ms lejanos de la geografía española, para honrar la memoria de sus mayores, para recordar que por aquellas laderas insalvables, mi bisabuelo recorría kilómetros y kilómetros cada día de manera incansable, a lomos de su caballo, con un maletín en el que no faltaban jeringuillas ni el estetoscopio, por ser el único médico de la comarca. Y como un quijote más, acudía allá donde fuese necesario, por muy lejos que estuviera y por muy cansado que se encontrase.

         Por aquellas laderas caminaba mi tatarabuelo, hombre de largos bigotes y de porte respetable, que por ser registrador de la propiedad, todo lo debía llevar marcado en sus archivos de entonces, de igual modo, que las necesidades más perentorias del momento, a las que restuarar con premura, sin pedir mayores explicaciones.

        Por aquellas montañas quedó la huella de mi padre, que supo luchar con aguerrido valor por la España en la que creía, como militar de indiscutible honor. Allí quedo también la huella de mi tío, que supo como médico y sociólogo, dar a su pueblo cuanto necesitaba en cada momento, y de ello, queda constancia una placa y  un reconocimiento popular, aunque él, como otros que le precedieron, dejó constancia que llevar a cuestas este apellido, llevaba aparejado la vehemencia de la rectitud; un bien cada vez más en desuso, dados los tiempos que corren.

       Pero en suma, el protagonista de este acontecimiento, le correspondió al compromiso por haber hecho posible que una "casta" siga perpetuándose en el tiempo, en el recuerdo, y en la unidad. Un compromiso para que el esfuerzo se convierta en paradigma de lo que se fue, y el entusiasmo, por todo aquello de lo que se seguirá siendo.

       Tal vez haya consumido algo más de mi minuto de gloria, de mi licencia poética, aunque si solo pudiese introducir algo más a lo ya dicho, sería añadir gratitud y orgullo, por pertenecer a esta saga.

 

 

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Escrito por CARMELA, octubre 04, 2011
Trasmites,ya lo creo que trasmites.
Me ha encantado como siempre.Un sobresaliente y creo que me quedo corta.
Enhorabuena por tu saber hacer y un besazo.
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