Latino News and Opinion

¿Resentimiento, prejuicio o microagresividad?
Por José de la Isla - Hispanic Link   
15:57 | 03/09/10
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Dos candidatos de la primaria republicana del 2 de marzo en Texas sugirieron que su derrota implicaba “prejuicio étnico”, “prejuicio racial” y “angustia étnica”.

English version

Two candidates in the March 2 Republican primary in Texas suggested their defeats implicated “ethnic bias,” “racial bias” and “ethnic angst.” 

Su queja se categorizaría mejor como ‘microagresividad’.

Titular republicano, comisionado de Texas Railroad, Víctor Carrillo, después de perder contra rival poco conocido David Porter, escaldó a sus pares republicanos en un correo electrónico.

“Dada la opción entre ‘Porter’ y ‘Carrillo’”, dijo, “el apellido hispano fue un serio detrimento” con “un prejuicio integrado”.

En los sumarios después de la elección, algunos comentaristas respondieron que Carrillo perdió tiempo valioso cuando se sometió a cirugía al cerebro para extirpar un tumor benigno, cuando murieron su padre y medio hermano, y cuando su campaña no funcionaba tan bien como una máquina bien lubricada.

En la campaña por el cargo de Tasador-Recaudador de Impuestos en el condado Harris (Houston), Leo Vásquez, cuyo desempeño se consideraba bueno cuando lo nombraron para seguir al hispano Paul Bettencourt, perdió contra Don Sumners.

Por lo visto Vásquez irritó a los conservadores sociales al vivir con una mujer casada. Después de la derrota en la primaria, su gerente de campaña y novia, SuZanne Feather, disparó un correo electrónico indicando que había “muchas similitudes” entre ese resultado y el del Carrillo. Vásquez le dijo al diario Houston Chronicle que había quedado perplejo con el hecho que Sumners pudiera gastar muy poco dinero y montar poca campaña y aun así ganar con facilidad.

Un relato noticioso de Houston aseveró que por lo que algunos candidatos hispanos tuvieron fuertes campañas por todo el estado de Texas, dos candidatos resentidos culpaban injustamente “el voto polarizado por raza”. Un reportero en San Antonio, de población predominantemente hispana, redactó que tres candidatos locales concordarían con Carrillo, un revés interesante, porque NO tenían apellidos hispanos y perdieron contra candidatos hispanos.

El querer sacarles sentido a las quejas y contra-quejas puede hacer que una línea recta se vea torcida.

Después de todo, lo que hay es sólo una diferencia infinitésima entre las márgenes del prejuicio y la preferencia.  El tener una tendencia hacia uno o el otro lado no es necesariamente cuestión de etnicidad ni perspicacia o preferencia racial. Pero el comportamiento anti social (digamos contra un género, una religión, una etnicidad, una raza, etc.), como los actos de discriminación, es un mal judicial bien establecido.

Pero, ¿qué hay de las indignidades, el lenguaje ofensivo y codificado, que envían mensajes de intolerancia y que fomentan el ostracismo? ¿Qué implica cuando alguien dice algo como lo que yo oí el otro día sobre un contratista de construcción, “Se va a aparecer en cualquier momento con sus mexicanos”.

¿Constituye esto el prejuicio? ¿El racismo? ¿La incivilidad? ¿La ignorancia? ¿La estupidez?

¿Qué significa cuando alguien vota a propósito por otra persona para evitar votar por alguien que tiene apellido hispano? ¿Cuál es el mensaje? ¿Qué tipo de prejuicio quiso Tom Tancredo encender en el reciente congreso del Tea Party, cuando se refirió a Barack Hussein Obama?

Afortunadamente, Derald Wing Sue, experto sobre la discriminación, nos ilumina en cuanto a este tipo de temas con su libro, “Microaggressions in Everyday Life: Race, Gender and Sexual Orientation” (“La microagresividad de la vida diaria: La raza, el género y la orientación sexual). No es ningún peso pluma. Sue ha servido en la Junta de Asesores del Presidente sobre la Raza, y fue presidente de la Society for the Psychological Study of Ethnic Minority Issues.  Fue cofundador de la Asian American Psychological Association, y fue presidente de la Society of Counseling Psychology de la American Psychological Association.

Sue ha desarrollado la primera categorización de acciones concientes y deliberadas, calumnias y epítetos raciales, así sean ofensas sin intención o claves sociales, cuando los grupos dominantes intentan subordinar a los grupos minoritarios, haciendo que se sientan incómodos, marginalizados y cuando les infligen pérdidas mentales, emocionales y hasta físicas.

Sue opina que los estudios indican que la microagresividad racial tiene un impacto devastador, “hasta más terrible que las acciones abiertas del racismo conciente o los delitos motivados por el odio”.

Cuando la microagresividad cobra la posibilidad de convertirse en acción, como cuando se vota por o en contra de alguien, como evidentemente aseveraban Carrillo y Vásquez como elemento de su derrota, la migroagresividad puede considerarse precursor de los asaltos electorales. Es algo que hay que vigilar, y al que hay que aplicar el término apropiado para describir lo que está ocurriendo.

Algo que en un principio pueda sonar a resentimiento podría ser el sonido de la conversión de la microagresividad en la macroagresividad.

 

 

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