Latino News and Opinion

Una mirada en el espejo colombiano
Por Marcela S谩nchez   
09:09 | 10/15/10
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Aunque no tuvo aqu铆 mayor repercusi贸n, cuando la secretaria de Estado, Hillary Clinton, habl贸 el mes pasado de las similitudes entre los problemas de seguridad y narcotr谩fico de M茅xico y la situaci贸n de Colombia hace 20 a帽os, funcionarios mexicanos mostraron su disgusto de inmediato.

Un d铆a m谩s tarde, en una inusual manifestaci贸n de disentimiento a alto nivel, el presidente Obama desaprob贸 las declaraciones de Clinton. En una entrevista con el diario en espa帽ol La Opini贸n de Los 脕ngeles afirm贸 que lo ocurrido al otro lado de la frontera 鈥渘o puede compararse鈥 con lo que pas贸 en la naci贸n sudamericana.

Las comparaciones son odiosas y Clinton se meti贸 en terreno que los diplom谩ticos normalmente evitan. No ayud贸 que utilizara el t茅rmino 鈥渋nsurgencia鈥 para describir las actividades de los c谩rteles mexicanos de la droga. Este t茅rmino debiera reservarse para organizaciones como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que por m谩s de cuatro d茅cadas han luchado contra el Estado colombiano. Ning煤n otro pa铆s del hemisferio tiene una historia comparable.

Pero enfocarse en las diferencias pareciera ser un ejercicio mucho menos 煤til que identificar y sacar lecciones oportunas 鈥 para M茅xico y muchas otras naciones que enfrentan retos de seguridad similares 鈥 de la experiencia colombiana.

La violencia de las drogas que desestabiliz贸 al pa铆s entero explot贸 en Colombia en los a帽os ochenta y noventa. Sin embargo, en la 煤ltima d茅cada, los secuestros se redujeron de 3.000 a menos de 100, la tasa de homicidios cay贸 en un 45 por ciento entre 2002 a 2008 y las masacres pasaron de m谩s de 200 ocurridas en 2001 a menos de 26 el a帽o pasado.

Colombia no habr铆a logrado dichos avances sin antes reconocer que no pod铆a seguir responsabilizando a otros de sus problemas en seguridad. Esta superaci贸n del mito de ser v铆ctima de un mal for谩neo se dio a partir del momento en que los magnicidios y los carrobombas llevaron la guerra a casa.

Bajo el mando del general Rosso Jos茅 Serrano, una unidad 茅lite de la Polic铆a Nacional empez贸 a dar la pelea y logr贸 su primera gran victoria con la muerte del l铆der del c谩rtel de Medell铆n, Pablo Escobar, en 2003. Serrano pas贸 a dirigir una extensa reforma policial, despidiendo a m谩s de 10 por ciento de la fuerza y ofreciendo mejores salarios y entrenamiento al resto.

La confianza p煤blica en las instituciones comenz贸 a crecer. Para cuando el ex presidente 脕lvaro Uribe lleg贸 al poder en 2002, prometiendo agregar miles de efectivos a las fuerzas de seguridad, la 茅lite colombiana estaba dispuesta a pagar por ello. Tal como afirm贸 David Johnson, secretario asistente de Estado para Asuntos Internacionales sobre Narc贸ticos, en un reciente evento del Consejo de las Am茅ricas, un importante paso en la transformaci贸n en Colombia ocurri贸 cuando todos los segmentos de la poblaci贸n se comprometieron y ayudaron a cubrir los costos de un sistema efectivo de seguridad nacional.

Ese todav铆a no parece ser el caso de otras naciones amenazadas por el crimen organizado. En M茅xico y Guatemala, por ejemplo, la tasa de impuestos es muy inferior al promedio regional. Funcionarios locales tienden a culpar a la abultada econom铆a informal. Pero la informalidad laboral no es muy distinta en Colombia y a煤n as铆 no fue excusa para que las grandes empresas rehusaran pagar m谩s al fisco.

Por eso mismo, las reformas policiales, actualmente en proceso en diversas partes de la regi贸n, son esenciales y debieron haber empezado hace tiempo. Alejandro Poir茅, vocero de seguridad nacional del presidente mexicano Felipe Calder贸n, dijo con franqueza en un art铆culo reciente de The New York Times: 鈥淯no de los d茅ficits de los 煤ltimos 20 贸 30 a帽os en el desarrollo pol铆tico de M茅xico (ha sido) que no construimos las instituciones policiales para prevenir el crimen鈥.

Los funcionarios mexicanos ya dejaron de culpar a otros, lo que parece no estar ocurriendo todav铆a con otros l铆deres en la regi贸n.

En el mismo evento del Consejo de las Am茅ricas, el embajador guatemalteco Francisco Villagr谩n asever贸 que Guatemala es 鈥渦n pa铆s de tr谩nsito鈥 y advirti贸: 鈥淣osotros no causamos este problema鈥. El problema es que organizaciones criminales transnacionales en la actualidad amenazan el control gubernamental en una tercera parte de los 22 departamentos guatemaltecos.

Buena parte del progreso colombiano no habr铆a sido posible 鈥 o habr铆a sido mucho m谩s lento 鈥 sin el apoyo generoso de Washington: m谩s de 7.000 millones de d贸lares otorgados desde el a帽o 2000 hasta hoy.

En ese sentido, los l铆deres centroamericanos tienen raz贸n al insistir en que los 248 millones de d贸lares que han recibido en los 煤ltimos tres a帽os son, simplemente, una ayuda simb贸lica ante el reto creciente de las drogas. El 29 de septiembre, el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, present贸 en Washington un plan de seguridad para Centroam茅rica a un costo de 900 millones de d贸lares, que espera que la Administraci贸n Obama ayude a financiar.

El inconveniente es que mucho ha cambiado en Estados Unidos desde finales de la d茅cada de los noventa, cuando la alianza a favor del Plan Colombia tom贸 forma. Para entonces, hab铆a prosperidad econ贸mica en la naci贸n norteamericana y se no estaba en guerra contra el terrorismo. Incluso, las fuerzas armadas estadounidenses vieron con buenos ojos un rol creciente en la guerra contra las drogas.

Funcionarios de Washington han sido claros en afirmar que no habr谩 grandes sumas disponibles para pa铆ses latinoamericanos en esta ocasi贸n. Y mientras intentan identificar la mejor forma de usar los recursos existentes, este momento es el m谩s indicado para recordar lo que ha funcionado.

 

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