Aquel estado de terror asoma junto a nuestras casas, está apenas a un tiro de piedra desde mi oficina hasta el fatigado RÃo Grande. Cuando voy a la cafeterÃa de la tienda de libros de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) puedo ver las colonias de Juárez apiñándose contra la frontera: el margen de una enrevesada ciudad de 1,2 millones de personas tratando de encarar sus vidas con algún tipo de normalidad.
Por todas esas calles, los cárteles de la droga y las pandillas armadas con metralletas rivalizan por hacerse con el poder. La cifra y el volumen de las masacres que perpetran hacen que las refriegas de la era de prohibición en los Estados Unidos parezcan viejas escenas de pelÃculas de Walt Disney.
En tal atmósfera, solo la suma de cadáveres —alrededor de 8.000 personas asesinadas desde el inicio del año 2007— resulta fácil, aunque extrañamente su efecto es efÃmero porque el número de vÃctimas mortales llega a ser una noticia de rutina que tiende a desaparecer entre las vidas agitadas de los pobladores, quienes están en busca de aquella estabilidad de sus hábitos perdidos —estudiar, ir de compras, dar un paseo alrededor de la plaza central en el crepúsculo de una fresca tarde. Es claro que los muertos no mienten, pero no cuentan toda la historia.
Conforme un estimado, 125.000 de aquellos antiguos residentes de Juárez se han reubicado al norte de la frontera. Al mismo tiempo, la ancha espalda de la ciudad de Juárez continúa atrayendo trabajadores para sus industrias de maquila, incluso ahora que los gerentes se resguardan en este lado de la lÃnea divisoria y van a sus trabajos en camionetas blindadas.
Cuando en Borderzine dimos inicio a nuestros reportajes sobre Mexodus en enero, nos topamos con muchas puertas cerradas. Como ustedes podrán ver en nuestros artÃculos, la migración de gente de negocios y profesionales a El Paso es notoria en las escuelas, los nuevos negocios, en restaurantes y en el aumento del número de estacionamientos en los centros comerciales, pero todavÃa resulta difÃcil evaluar con seguridad la dimensión del impacto migratorio y económico que se produce aquÃ.