Latino News and Opinion

"Inmigración es cuestión de derechos humanos"
Por AL DÍA NEWS y EFE   
08:17 | 03/11/11
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La teóloga Elizabeth Conde-Frazier, conocida por sus escritos sobre espiritualidad, temas sociales y multiculturalismo, analizó el tema migratorio por medio de entrevistas con familias inmigrantes, en algunas ocasiones con los padres, en otras con los hijos.

Esas entrevistas fueron recogidas en “Escuchando a los niños. Conversaciones con familias inmigrantes”, un libro bilingüe en el que la experta explora el proceso migratorio desde sus dos direcciones: El llegar a este país y adaptarse a la nueva vida y el verse forzado a dejar el país, incluyendo parte de la familia.

Uno de los datos importantes que Conde-Frazier ofrece es que el 67 por ciento de los niños afectados por redadas tienen menos de 10 años, y el 33 por ciento menos de 6.

“La inocencia de los niños requiere que se debata el tema de la inmigración desde el punto de vista de los Derechos Humanos. Pero estamos tan inmersos en la complejidad y la controversia de este tema que quienes pagan el precio más alto son los más vulnerables, es decir, los niños”, dijo a la teóloga.

Conde-Frazier, analizó el tema a través de entrevistas con padres inmigrantes separados de sus hijos, sea porque los niños se quedaron en sus países de origen o porque los padres debieron regresar a esos países (por voluntad propia o no) y los niños quedaron en EEUU al cuidado de otras personas.

En su libro, Conde-Frazier estima que el 67 por ciento de los niños afectados por redadas tienen menos de 10 años, y el 33 por ciento menos de 6. Después de la redada, esos niños se sentirán abandonados y con mucho temor “especialmente si fueron testigos de la detención de sus padres”.

El niño luego experimentará baja autoestima, falta de concentración, dificultades para dormir, conductas agresivas, desconfianza continua, inquietud, llanto, pesadillas y pérdida de la fe.

“Y la mayoría de estos niños son ciudadanos de Estados Unidos pues nacieron en este país”, puntualizó Conde-Frazier, decana del Colegio Esperanza, dependiente de la Universidad Eastern, en Pensilvania, para quien la reforma migratoria resultará “difícil” debido a que “muchos estadounidenses ven la inmigración como un tema en blanco y negro”.

Sin embargo, dijo, “como sucede con todos los temas de gran significado humano, la realidad es mucho más complicada”.

Citando estadísticas del Urban Institute, Conde-Frazier estimó que en Estados Unidos viven 16,5 millones de niños de padres inmigrantes. Entre esos niños, 1,8 millones poseen lo que ella describió como “documentación alternativa”.

En muchos casos, los padres llegan solos y luego, meses o años después, llegan los hijos. La reunificación familiar resulta siempre complicada debido a que pocas veces las familias planifican cómo mantener una buena relación y comunicación durante la etapa de la separación.

Además, los niños no siempre entienden por qué los padres se tienen que ir, y en otros casos simplemente no se les explica y se mantiene el viaje de los padres a Estados Unidos en secreto.

Pero sea como fuere la situación familiar o las razones que motivaron la salida del país natal, “por medio de su carácter, sus valores y su conducta en la vida diaria, y por medio de las contribuciones que hacen y que quieren hacer, los inmigrantes que llegan a Estados Unidos demuestran que quieren una situación migratoria adecuada”.

La respuesta a ese deseo de regularizar esa situación debe basarse en “las necesidades humanas y los Derechos Humanos”. Y el punto de partida de ese análisis deberían ser los niños.

“La humanidad de una sociedad se mide por la calidad de vida de sus niños. La habilidad para proveer un contexto auténticamente humano para el desarrollo saludable de los niños dice mucho sobre los valores de una cultura”, dijo Conde-Frazier.

“Mi esperanza es que sigamos hablando del tema de inmigración con la meta de lograr una reforma migratoria que restaure la dignidad de las personas y que resuelva simultáneamente este complejo problema”, concluyó.

Entrevista de AL DÍA con la teóloga Elizabeth Conde-Frazier sobre su experiencia como autora del libro “Escuchando a los niños. Conversaciones con familias inmigrantes”.

¿De dónde viene la idea de escribir este libro?

Una de las cosas que yo hago es dar talleres dentro de la comunidad hispana en diferentes estados, soy profesora en el área de educación y de teología y también he sido pastora de una denominación de la iglesia bautista, por la tanto me llaman a dar talleres en diferentes estados acerca de la problemática de la inmigración. Y las mismas personas que asistían a los talleres me pidieron que escribiera el libro.

¿Por qué sabe acerca de la problemática de inmigración?

Porque los feligreses son las mismas personas inmigrantes. Las personas inmigrantes van a la iglesia. La iglesia es un centro de apoyo para ellos. Es donde pueden confiar. Llegan aquí, están aislados, no tienen a donde ir, y las iglesias entonces les ayudan a orientarse, a buscar vivienda, comida, los aconsejan dónde buscar trabajo y dónde no hacerlo. Entonces gracias a mi experiencia como pastora, las iglesias en diferentes estados, en Boston, Texas, California, en Chicago, en las Carolinas, empezaron a llamarme para que yo diera talleres para ayudar a las familias inmigrantes dentro del asunto de la inmigración.

¿Sobre qué temas puntuales eran los talleres?

Sobre muchos temas. Sobre cómo ayudar en el ministerio a los inmigrantes. Cómo criar hijos en dos culturas, refiriéndonos a la segunda generación. Cómo ser mejores padres en Estados Unidos.  Cómo levantar un servicio social de comida. Cómo levantar diferentes tipos de ministerios que vienen a ser la red de apoyo para las familias inmigrantes.  

¿Qué conclusiones sacó de estos talleres?

Durante los talleres teníamos momentos de camaradería, donde nos sentábamos todos juntos en la mesa a almorzar. Y yo ahí escuchaba las historias de lo que estaba sucediendo, de lo que algunos habían vivido en otro estado, por ejemplo, de lo que un amigo estaba atravesando, etc... Y entonces comencé a organizar las iglesias para que habláramos de esos asuntos. Y no solamente sobre los ministerios de poyo, sino sobre las causas que nos llevan a crear estos ministerios de apoyo.

¿Cuáles son esas raíces?

Tiene que ver con entender las razones por las cuáles las personas se ven obligadas a venir a Estados Unidos. Mucha gente no entiende eso. Como somos tantos grupos latinos diferentes pueden haber personas   que dicen ‘yo entiendo lo que es ser inmigrante y estoy para defender a los inmigrantes’. Pero también pueden haber personas de segunda generación que sus padres pasaron por la problemática de la inmigración, pero ahora ellos están muy orgullosos y creen que el que llega nuevo debe ser arrestado. Las raíces también tienen que ver con un gran número de familias donde hay diversidad de tipos de documentación. En una misma familia hay niños que han nacido aquí y tiene un hermanito que nació en Guatemala. Ese hermanito no tiene documentación, pero el que nació aquí sí.

¿Cuándo empezó a impartir los talleres?

 En el 2000.

¿Cuánta gente asistía?

Podían ir 30 o podían ir 500 personas. La ciudad a veces ofrece más servicios de apoyo pero la comunidad inmigrante no participa en ellos porque son talleres respaldados con fondos federales y exigen el nombre y la dirección de los asistentes. Y una personas indocumentada no va a ir a un programa así, va a sospechar. Mientras que los talleres de la iglesia no tiene esa obligación con el gobierno federal, entonces los inmigrantes asisten con tranquilidad.

¿Adultos o niños?

Iban las familias enteras. Los papás llegaban con sus niños. Otras veces los adolescentes son los papás.

¿Cuáles son las necesidad de las familias inmigrantes?

 Muchas familias andan escondiéndose y necesitan saber cuáles son sus derechos, cuáles no son sus derechos, qué peligros corren, si están buscando documentarse quiénes son los abogados honestos y quiénes los que los vana a robar, cuál es la ley, qué cosas deben de tener en cuenta para poder obtener sus papeles, como que por ejemplo si están trabajando deben dejar que no solamente les cobren impuestos sino también el Seguro Social. Eso luego cuando un abogado lo mira le suma puntos. También hay muchos muchachos jóvenes que sus padres los deportaron y necesitan educarse, entrar al colegio.

¿Los talleres eran dirigidos exclusivamente a las familias inmigrantes?

No, muchas veces llegaban también trabajadores sociales que ayudan a las comunidades inmigrantes, que a veces son doctores, a veces son maestros, y están tratando de entender mejor a las familias inmigrantes, para saber ciertas cosas, como lo que significa para la familia estar separada, unos aquí y otros allá, por qué eso ocurre, lo que significa volver a traer a los hijos luego que de que han estado separados muchos años, cómo va a ser esa reunificación, cómo volver a crear los lazos en la familia, saber qué les dicen los padres a los hijos cuando los dejan, a quién se los dejó encargados. Todo eso tiene que ver con los lazos que ahora van a crear conflicto. Todas esas son las preguntas que intentamos resolver en los talleres. Y fue por eso mismo que las familias me pidieron que escribieron un libro, necesitaban que alguien les hablara de esas preguntas.

¿No hay otros libros que ellos puedan consultar?

Sí, pero están escritos a un nivel que no es accesible. Son libros para un contexto universitario, son muy abstractos, hay mucha teoría, son en inglés, no son bilingües, no son para personas en el diario vivir que se preguntan cómo puedo ayudar como padre a mi hijo que está en una escuela donde hay pandillas y demás. De esas cosas el libro sí trata.

¿Cómo resumiría usted el libro?

Es una guía de ayuda para las familias inmigrantes  principalmente. Enfocada sobretodo desde la perspectiva de los niños. Qué afecta más al niño o a la niña. Y también una guía para los que trabajan en esas  familias, ya sea en la iglesia, ya sean trabajadores sociales o ya sean maestros. Mira diferentes situaciones que son comunes y que no todo el mundo tiene formas de resolverlas. Entonces ofrezco una narrativa de lo que ocurre y luego analizo bregar con esas situaciones.

¿Cuál es la problemática más frecuente que presentan las familias?

No te puedo decir que hay uno más común, es una variedad. Porque cada comunidad es diferente. Si voy a Boston esa comunidad lleva más tiempo, si voy a Charlotte son más nuevos.

¿Y en Filadelfia cuál es la problemática más común?

También hay una variedad. Está la comunidad dominicana, por ejemplo, ellos son caribeños y su cultura les enseña a mirar estos problemas desde una perspectiva diferente quizá a la cultura mexicana. Los roles de familias cambian según la comunidad. También cada comunidad tiene talentos diferentes. Algunas entran más fácil a la política que otra. Otra comunidad es mejor para levantar negocios.  

¿Cómo hizo para ubicar las problemáticas desde la perspectiva de los niños?

Hablé con ellos. Uno no hace entrevista con niños, el niño  no entiende la estructura de una entrevista. Simplemente yo me siento al lado de ellos, juego con ellos, y uso historias bíblicas, uso muñequitos, y los niños lo que hacen es que cogen una historia y cogen los muñequitos representando a su mamá y su papá. Por ejemplo en el libro se habla de una niña que había  experimentado que a su alrededor había personas que las habían llevado en una redada. Y un día llega a la iglesia y está viendo la historia de David y Goliat y empieza a decir que su papá es David y ‘los hombre malos que se llevaron a las familias’, ese es  Goliat, porque ese es el gigante que se lleva a la gente. Ella sigue jugando con sus muñequitos y está hablando sola.  

¿Cómo fue el proceso de escribir el libro?

Después de escuchar las historias, cuando ya iba en el avión o en el carro empezaba a tomar notas pero no exactamente como me las habían contado, sin utilizar nombre propios, volviéndolas ficción. Para que después nadie diga ‘fíjate, escribió eso por mí’, para proteger las identidades. Luego para sentarme a escribir el libro fue mucho trabajo, porque no son historias fáciles y porque yo ya había interiorizado esas personas, y al interiorizar esas personas tú empiezas a vivir lo que ellos han vivido. Y sentarte a escribir de horas todo eso no es fácil. Tuve que pausar y dejar de escribir por semanas. Lo terminé después de un año.

¿En qué idioma lo escribió primero?

Empecé a escribir en español, pero como el español es el idioma de mi corazón, se me hizo muy difícil porque me la pasaba llorando, entonces cambié a escribir en inglés porque, para mí, el inglés es el idioma de la mente, y así me pide distanciar un poquito. Y luego le pedí a mi hermana que lo tradujera a español.

 

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