Latino News and Opinion

Inmigrantes y transgénero: Minoría al cuadrado
Por Arturo Varela / Redacción AL DÍA   
13:12 | 11/26/13
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Tres mujeres, transgénero, latinas, cuentan su historia en un reflejo del drama que miles de personas como ellas, inmigrantes legales o indocumentados, viven en Estados Unidos. 

 

De izq. a der., Bamby Salcedo, Paola Coots y Arianna Inurritegui-Lint. Fotos: Beck Starr y archivo particular

Pese a los avances en torno a la inmigración y asuntos LGBT, quienes caen en la categoría de indocumentados y transgénero forman parte de una doble minoría con grandes retos que superar pero poco apoyo para hacerlo. 

Luego de la caída de DOMA, y conforme el matrimonio homosexual continúa siendo legalizado en cada vez más estados, la agenda LGBT y la nación parecen estar cada vez más dispuestos a discutir los asuntos de los transgénero. 

Por un lado, los indocumentados han salido desde hace tiempo en grandes números de las sombras, ejerciendo presión a punto de ebullición para lograr una ansiada reforma migratoria, y han logrado obtener, por lo menos, una protección temporal a algunos jóvenes ‘dreamers’ bajo el programa de Acción Diferida (DACA).  

Por otro lado, los transgénero han acaparado, más recientemente, y de manera creciente, la atención de los medios de comunicación cruzando así una especie de barrera informática.

Si antes las noticias sobre transgénero eran principalmente notas rojas que evidenciaban la discriminación y violencia que enfrentaban —y todavía enfrentan— cada vez estas se vuelven más progresivas. 

Una simple búsqueda de noticias de “transgénero” en Google, da como resultado una serie de enlaces sobre activistas que luchan por el acceso equitativo a servicios de salud; un joven adolescente transgénero en Texas que lucha por vestir un esmoquin en la foto de su ‘yearbook’; y, por supuesto, la petición en línea para que una modelo transgénero desfile por la popular pasarela de Victoria’s Secret. 

Pero poco se habla de la difícil lucha que enfrentan los inmigrantes transgénero, tanto legales como indocumentados.  

Esta minoría al cuadrado se ve forzada a vivir entre dos sombras, y en un sistema que afecta sus oportunidades laborales, su estabilidad financiera, el acceso a la educación, vivienda y servicios de salud.

Un mismo sueño

Como cualquier inmigrante, quienes además son trangénero o sueñan con reajustar su identidad de género, han llegado a este país en busca de mejores oportunidades. 

Pero sobretodo de mayor libertad y para escapar de las condiciones de persecución que amenazan su bienestar o incluso su vida en sus países de origen. 

Las condiciones en Estados Unidos podrán ser mejores aparentemente, pero en este país, los inmigrantes transgénero siguen siendo relegados. 

Una encuesta del National Center for Transgender Equality (NCTE) y del National Gay and Lesbian Task Force (NLGTF) del 2011 (National Transgender Discrimination Survey), evidenció que los inmigrantes indocumentados transgénero están en mayor riesgo de sufrir discriminación y violencia cuando se trata de trabajo, vivienda y cuidado de salud.

El 39 por ciento de trabajadores indocumentados transgénero reportó haber perdido su trabajo por prejuicios, en comparación con el 26 por ciento de los estadounidenses transgénero.

Además, el 25 por ciento dijo haber sufrido abuso físico en su lugar de trabajo, y el 19 por ciento abuso sexual —tres veces más que el promedio de participantes transgénero.

A la falta de seguridad laboral, se suman los bajos ingresos. El 15 por ciento de los trabajadores transgénero ganan menos de $10.000 al año, y los que además son indocumentados son más propensos a ganar esta cantidad (18 por ciento), según el National Transgender Discrimination Survey. 

Los trabajadores transgénero indocumentados también son más propensos a ganar menos de $20.000 por año (39 por ciento) en comparación con el 27 por ciento entre el promedio de transgénero.

A la falta de autorización para trabajar se suma la discriminación, por lo que al encontrar un empleo, los trabajadores indocumentados transgénero son más susceptibles a abusos que temen reportar por miedo a los prejuicios y la deportación.

Ante las limitadas opciones, algunos llegan a ejercer trabajos ilegales, como la prostitución, para subsistir. 

Por otra parte, la falta de vivienda es otro problema que actualmente afecta al 4 por ciento de inmigrantes indocumentados transgénero —a causa de la discriminación, violencia, rechazo familiar, y pobreza— en comparación con el 1,7 por ciento entre el promedio de transgénero, según el National Transgender Discrimination Survey. 

En cuanto a servicios de salud se refiere, el 36 por ciento de los inmigrantes indocumentados transgénero no cuenta con seguro médico, según el National Transgender Discrimination Survey. La cifra es sorprendentemente menor que el 59 por ciento de la población indocumentada general, de acuerdo a un reporte del 2013 del Center for American Progress (Living in Dual Shadows: LGBT Undocumented Immigrants), particularmente tomando en cuenta que a los indocumentados se les niega el acceso a programas de salud como Medicare, Medicaid, CHIP, así como a los nuevos mercados de seguros médicos de la reforma de salud. 

Las disparidades son alarmantes tomando en cuenta que el 6,96 por ciento de inmigrantes indocumentados transgénero —y el 7,84 de documentados— sufren de VIH, en comparación con el 2,64 entre la población transgénero general (National Transgender Discrimination Survey) —más de siete veces en comparación con la población general. 

La caída de DOMA y otros avances

Anteriormente, Jaan Williams, un ciudadano estadounidense transgénero, no podía patrocinar la residencia de su esposa Priyanka Oberoi —quien vino de la India a EE.UU. con una visa de estudiante— porque algunos documentos aun lo identificaban como mujer. 

Pero a raíz de la decisión de la Corte Suprema respecto a DOMA en junio pasado, cualquier ciudadano estadounidense puede patrocinar la residencia de su pareja, independientemente de su género. 

Sin duda esta fue una gran noticia para un estimado de 267.000 inmigrantes indocumentados LGBT, y para 28.500 parejas LGBT binacionales legalmente casadas en EE.UU., según cifras del Williams Institute, de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA).

También para un estimado de entre 15.000 y 50.000 inmigrantes transgénero, entre ellos personas cuyas parejas son ciudadanos estadounidenses.

Entre otros avances, destaca la inclusión en el 2011 de los inmigrantes indocumentados que tienen una pareja estadounidense del mismo sexo entre las consideraciones de baja prioridad para deportación de acuerdo a las guías de recomendaciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). También el establecimiento de guías para adjudicar asilo y refugio a personas LGBT. Y desde el 2012, una serie de guías que facilitan a inmigrantes transgénero con estatus legal actualizar su identidad de género en documentos de inmigración.

Sin embargo, muchos otros aspectos relacionados a la inmigración y la comunidad LGBT siguen pendientes. 

Pese a que Estados Unidos ofrece la posibilidad de solicitar asilo a personas que sufren persecución en su país de origen por su orientación sexual o identidad de género, a algunos se les niega mientras que a otros se pasa el periodo de un año para solicitar esta protección y quedan atrapados en un limbo migratorio.  

‘Todo está bien hasta que digo que soy una mujer transgénero’


Arianna Inurritegui-Lint, de 41 años de edad, y originaría de Perú, no obtuvo el beneficio del asilo en EE.UU., sino el llamado “withholding of removal”, que otorga menos beneficios. Foto: Archivo particular

Arianna Inurritegui-Lint, de 41 años de edad, y originaría de Perú, siempre se sintió diferente e inconforme, e incluso después de aceptarse como un hombre homosexual, se preguntaba “¿por qué no soy feliz?”

Graduada de derecho en su país, solía venir a estudiar inglés y de vacaciones a Estados Unidos, hasta que finalmente decidió hacer una vida nueva aquí y llevar a cabo su transformación. 

“Las chicas transgénero me llamaban la atención, pero son muy mal vistas en Perú”, dijo Inurritegui-Lint. “Yo quería venir a EE.UU. porque se habla de este como el país de la libertad en donde puedes ser tú mismo”.

Ella llegó en el 2000 con una visa de turista y se quedó después de que esta venció. 

“A pesar de tener una carrera, como ilegal llegué a tener los mismos problemas que quienes limpian baños y pisos”, agregó.

Decidida a ahorrar dinero para arreglar su estatus en este país y para llevar a cabo su transición, vio una oportunidad —en sus propias palabras— en el fetiche y fantasía que muchas personas tienen con las transgénero, y comenzó a trabajar como ‘escort’ en Nueva York. 

“Me sentía muy mal porque yo no estaba acostumbrada a eso, pero fue un trampolín para hacer mi cambio”, dijo Inurritegui-Lint. “No sentía discriminación, ni tampoco me sentía como el payaso que iba a solicitar trabajo y me decían que me tenía que cortar el pelo”.

Ya iniciada su transición, comenzó una nueva vida en la Florida cuando obtuvo la protección del “withholding of removal”, que otorga menos beneficios que los del asilo, y cambió su género legalmente al de una mujer.

“Ahora trabajo para el gobierno pero no puedo pedir Medicaid, ni ayuda financiera para continuar mis estudios”, dijo Inurritegui-Lint, quien tampoco puede salir del país para visitar a su padre, a quien no ha visto desde hace tanto tiempo.

Desde entonces, las cosas han sido más fáciles, aunque ella se siente forzada, en sus propias palabras, a engañar. 

“Todo está bien hasta que digo que soy transgénero”, dijo Inurritegui-Lint. “Quisiera tener la libertad de decir quién soy sin sentir discriminación”.

La discriminación de la que habla es la que ha enfrentado en su trabajo, en donde no logró obtener un ascenso hasta que presentó una queja ante el Equal Opportunity Emploment Commission y resultó vencedora.

También es la misma discriminación que sintió cuando fue víctima de violencia doméstica y si en un principio la policía se iba a llevar a su agresor detenido, cuando les dijo que ella era una mujer transgénero, lo dejaron ir. 

“Aún así sigo trabajando por tener una oportunidad de una mejor de vida”, dijo Inurritegui-Lint, copresidenta de Translatin@ Coalition, una organización que trabaja en torno a asuntos de inmigrantes transgénero latinos.  “Queremos ser honestas y que se nos de un lugar en la sociedad, vivir tranquilas y que se nos respete”.

Una mujer en un centro de detención para hombres


Bamby Salcedo, de 44 años de edad, llegó a EE.UU. hace unos 25 años, luego de cruzar la frontera ilegalmente y huyendo de la pobreza y la discriminación que enfrentaba en su natal México. Foto: Beck Starr

Bamby Salcedo, de 44 años de edad, llegó a EE.UU. hace unos 25 años, luego de cruzar la frontera ilegalmente, y huyendo de la pobreza y la discriminación que enfrentaba en su natal México.

“Yo no tuve el privilegio de tener una visa porque no tenía recursos”, dijo Salcedo. “Tuve que pasarme por el cerro y pasar dificultades junto con otros inmigrantes”.

Ella comenzó su transición, a los 19 años de edad, dos años después de que llegó a Los Angeles en la década de los ochenta.

“En ese entonces estaba desamparada, no conocía a nadie, y mi único recurso fue la calle”, dijo Salcedo. “Me dediqué al trabajo sexual, estuve involucrada en las drogas, desamparada”.

Cuando ella llegó a este país, no solicitó asilo dentro del periodo de tiempo de un año permitido para hacerlo, y luego de 20 años de vivir aquí, fue detenida y puesta en proceso de deportación después de que recibió una visita de inmigración en su casa.

A la espera de una decisión respecto a su caso, Salcedo fue llevada a un centro de detención con hombres y obligada a ducharse con ellos, lo que describió como una experiencia aterradora y denigrante.

“Tenía mucho miedo. No sabía que me podía pasar, estaba tan vulnerable a los reos, pero también a los guardias”, dijo Salcedo.

Ella trato de decirles que su vida estaba en riesgo, pero esa suplica fue ignorada, y enfrentó las consecuencias, fue agredida física y sexualmente, y puesta en confinamiento solitario.

Aunque un juez finalmente decidió que no debía ser deportada, Salcedo no recibió el beneficio del asilo, sino el estatus “withholding of removal”, con todo y sus limitaciones. Mientras que este le ha permitido permanecer en EE.UU. y trabajar con un permiso que debe renovar cada año, no puede viajar fuera del país, ni tampoco solicitar jamás la residencia permanente.

“Tampoco puedo solicitar ayuda financiera para avanzar mi nivel académico”, dijo Salcedo, quien actualmente trabaja en el Children’s Hospital Los Angeles, y es presidenta de Translatin@ Coalition.

Este año, ella fue sujeto de un documental llamado “Transvisible”, el cual describe como “una pequeña narrativa de lo que ha sido mi vida, para inspirar a otras personas, independientemente de la adversidad, que están pasando por lo mismo que yo pasé”.

Lento pero seguro


A diferencia de otros inmigrantes transgénero que han quedado estancados en el limbo migratorio del “witholding of removal”, Paola Coots ahora cuenta con su preciado ‘greencard’. Foto: Archivo particular

Paola Coots, de 41 años de edad, y originaria de Monterrey, México, se considera una de las “suertudas”.

Ella llegó a EE.UU. en el 2004 con una visa de turista y sin saber que existía la posibilidad de solicitar asilo político, pero al acudir a un centro LGBT en San Diego, no solo la informaron de esto sino que un abogado ‘probono’ la ayudó a llevar a cabo este largo proceso. 

“Inmigración se tardó unos cuatro años en autorizarme el asilo político cuando otras personas lo obtienen en meses o en un año”, dijo Coots.

Aunque durante la espera, no estaba autorizada para trabajar, tenía una pareja que la apoyaba. 

“Si no hubiera sido por eso, no sé que hubiera hecho”, dijo Coots.

A diferencia de otros inmigrantes transgénero que han quedado estancados en el limbo migratorio del “witholding of removal”, ella ahora cuenta con su preciado ‘greencard’.

“Cuando tramité mi visa sí hubo problemas porque lo hice como mujer, pero con el nombre de hombre”, dijo Coots. “Cuando me dieron el asilo político me lo dieron con mi nombre de varón pero con sexo femenino, luego cambié mi nombre”.

Ahora ella trabaja en una organización sin fines de lucro, la cual prefiere no nombrar, ya que actualmente se encuentra discapacitada y considera que ha sufrido discriminación en este proceso así como a la hora de ser considerada para un ascenso. 

“Por ser transgénero siempre me ponían excusas tontas, pero cuando necesitaban ayuda para cubrir otros puestos me mandaban a hacerlo”, dijo Coots.

Ella considera que su caso ha sido distinto al de otras inmigrantes transgénero que han sido menos afortunadas que ella, por eso ahora forma parte de Translatin@ Coalition, para ayudar.

Más que una reforma

A la espera de la ansiada reforma migratoria y una vía a la ciudadanía para millones de indocumentados, los activistas LGBT esperan que esta incluya una una serie de protecciones para los transgénero, así como mayores oportunidades de mejorar sus condiciones de vida.

Pero ellos saben que ni una reforma migratoria, ni una vía a la ciudadanía, serían suficientes para lograr la equidad para los inmigrantes transgénero.

Para eso también habría que aprobar otras legislaciones que hagan frente directamente a los problemas relacionados con la identidad de género, y la discriminación laboral, de vivienda, y de servicios médicos —sin duda un largo camino.

* Este artículo fue escrito por AL DÍA News en colaboración con New America Media y Four Freedoms Fund.

 

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