Latino News and Opinion

Niños perdidos en el limbo de la frontera
Por Arturo Varela / Redacción AL DÍA   
07:09 | 11/12/10
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Cada año, la pobreza extrema, la búsqueda de un familiar o de una vida mejor, obliga a miles de menores de edad a dejar atrás la inocencia y cruzar la frontera de manera clandestina. Vulnerables a cualquier tipo de abuso y sumidos en el abandono y la soledad, su suerte varía entre deportaciones y albergues.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos reportó que durante el año fiscal 2009 la Patrulla Fronteriza detuvo a unos 18 mil menores de edad indocumentados que viajaban sin algún familiar o guardián legal tan solo en la frontera, y otros 2 mil en los puertos de entrada. 

El Centro de Prioridades de Política Pública (CPPP) de EE.UU. estima que anualmente unos 43 mil menores de edad sin compañía son removidos de Estados Unidos: 35 mil de México y 8 mil de países no colindantes con EE.UU. La organización Niños en Necesidad de Defensa (KIND), estima que la edad promedio de estos menores en 15,5 años.

Pese a estos datos, el total de menores de edad indocumentados que son deportados, solos o acompañados, de Estados Unidos continúa siendo un misterio, ya que la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se niegan a hacer pública esta información pese a la insistencia de diversas organizaciones como la compiladora de datos TRAC de la Universidad Syracuse, en Nueva York.

“Es un área en la que hemos intentado entrar, ICE mantiene esa información y se está rehusando a proveerla”, dijo Susan Long, profesora de la Universidad Syracuse y co-directora de TRAC.

Además, el cálculo se complica aún más ante los distintos escenarios y circunstancias en que los menores son detenidos por agentes de inmigración.

Cuando un menor es detenido cruzando la frontera mexicoamericana son devueltos casi inmediatamente, pero cuando son detenidos en el interior de Estados Unidos, pasan por la custodia de distintas agencias gubernamentales hasta que son transferidos a un albergue.

Ahí, los menores pueden pasar días, meses o inclusive años.

Varias organizaciones coinciden que en el 65 por ciento de los casos se identifica y localiza a un familiar para entregar al menor en Estados Unidos. Pero no todos corren con la misma suerte.

“Si sus padres son indocumentados pueden arriesgarse a rescatar a sus hijos, pero a veces no quieren hacerlo, cada vez tienen más miedo de ser deportados, hay niños que tienen familia aquí pero dicen que tienen miedo de venir a recogerlos”, dijo Emily Butera, funcionaria del Programa de Detención y Asilo de la organización no lucrativa, Comité de Refugio de Mujeres.

En cualquier caso, los menores deben esperar a que DHS solucione su estatus migratorio, ya que cada uno de ellos es puesto en proceso de deportación.

Una vez que los menores son llevados a una corte de inmigración, son cuestionados por un juez si existe alguna razón de seguridad por la que no deban ser deportados.

De acuerdo con la directora de KIND, Wendy Young, eventualmente el 40 por ciento de los menores detenidos recibe algún tipo de estatus migratorio que le permite permanecer en Estados Unidos. El resto de los niños son deportados.

“La fe de estos niños está siendo decidida y en algunos casos es una decisión que podría salvar su vida”, dijo Young, cuya organización provee ayuda legal gratuita a estos menores, ya que, explicó, el gobierno estadounidense no lo hace. 

“En un país que valora el derecho al proceso justo es sorprendente que permitamos que esto suceda”, dijo Butera. “Es suficientemente difícil cuando un adulto tiene que hacer un argumento en una corte de inmigración como para que un niño asustado tenga que hacerlo solo”.

Por su parte, Young agregó que “aquellos menores que tienen un abogado tienen tres veces más posibilidades de quedarse en Estados Unidos”.

De acuerdo con un reporte publicado en el 2009 por la Union Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México, las autoridades estadounidenses deportaron a 90 mil menores mexicanos indocumentados en el 2008, algunos de ellos sin acompañantes y a altas horas de la noche.

La defensoría mexicana señaló que “casi siempre” las deportaciones de menores “se apegan a los acuerdos bilaterales” entre México y EE.UU. Sin embargo, “existen quejas de que las autoridades de Estados Unidos violan los acuerdos al no entregar a los niños con las autoridades consulares en los puertos de entrada establecidos, o que los dejan a media noche sin nadie que los reciba” en estos cruces.

Un estudio realizado por un grupo de trabajo del Congreso mexicano encontró que de los 90 mil menores repatriados en 2008, el 15 por ciento (13.500) permaneció en las zonas fronterizas en lugar de regresar con sus familiares a sus lugares de origen. Entre los adolescentes, el 70 por ciento dijo que volvería a intentar cruzar la frontera en busca de trabajo.

Mientras que en Guatemala, la Dirección General de Migración (DGM) estimó que las autoridades de EE.UU. deportaron a 450 menores guatemaltecos en los diez primeros meses del año.

KIND estima que el 85 por ciento de los 8 mil menores deportados que no son mexicanos son de Centroamérica.

“Aproximadamente el 27 por ciento son de El Salvador, el 20 por ciento de Guatemala, y el 12 por ciento de Honduras”, dijo Young.

La suerte de aquellos menores que son deportados varía de país a país, Aunque generalmente el panorama no es muy prometedor.

“Típicamente vienen de países que no tienen un sistema desarrollado de servicios a menores. El Departamento de Seguridad Nacional asigna a alguien para entregarlos a su país de origen, pero en ocasiones, ni siquiera hay quien los reciba”, dijo Young. “Pueden terminar en un albergue, o en las calles, e intentar cruzar otra vez a Estados Unidos”.

Niños del éxodo

“Los menores deportados son atrapados en un círculo infinito entre refugios e intentos de cruzar de nuevo al otro lado del río para reunirse con sus familiares en el lado estadounidense”, dijo la periodista del Texas Observer, Melissa del Bosque.

La reportera, que viajó a la frontera mexicoamericana para investigar el tema, dijo que la oficina de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Reynosa (Tamaulipas-México), recibe cada semana a una docena de menores repatriados, de entre unos cuantos días y cerca de los 18 años.

“Unos tienen cortadas y raspaduras por correr entre espinosas arboledas de mezquite y cactus cuando intentan evadir a los agentes fronterizos de EE.UU. Otros tienen enfurecidas heridas rojas de mordeduras de víboras o marcas y perforaciones de la intravenosa que recibieron cuando fueron rescatados del exhaustivo calor del desierto. Luego están las marcas que no puedes ver: Haber sido secuestrados o violados por traficantes, o haber sido testigos de la muerte de un familiar o de un amigo en el viaje”, relató Del Bosque.

Dijo que devolverlos a sus familias “es más difícil de lo que parece. La familia de cada niño está marcada por la muerte, divorcio, o inmigración a EE.UU. También comparten la pobreza y las escasas oportunidades de trabajo y educación”.

La periodista contó la historia de dos hermanos que fueron deportados luego de que vieron a su madre desvanecerse y morir en el desierto de Roma, Texas, y quienes no han visto a su padre en años.

Otro joven, Pedro, de 16 años, cuya madre y cuatro hermanos se encuentran a solo 35 millas, en Harligen (TX), ha intentado en repetidas ocasiones cruzar la frontera y reunirse con ellos, pero sin éxito.

De acuerdo con Del Bosque, la mayoría de los niños en el albergue que han sido deportados dicen que “cruzarán” otra vez en cuanto tengan el dinero para hacerlo.

Sus posibilidades de lograrlo, sin embargo, son cada vez más escasas.

“Si los niños tienen suerte, encontrarán a un traficante que juegue por las viejas reglas, y llegarán seguros a su destino. Con el Cartel del Golfo a cargo del río fronterizo y la seguridad en el lado estadounidense, las probabilidades de cruzar con seguridad se vuelven cada vez más pequeñas”, dijo del Bosque.

“Hay posibilidades de que sean reclutados por los carteles para traficar drogas en sus mochilas, o para guiar a otros inmigrantes por la frontera, porque como son menores en vez de presentarles cargos los regresan a México y después puede seguir trabajando”.

 
 

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