|
En el mejor de los casos, se calcula que pasarán 10 a 15 años antes de que se inicie una producción significativa en las profundidades del golfo.
Para el pueblo mexicano, uno de los grandes logros en su historia fue el día en que su Presidente sacó a las compañías petroleras extranjeras en 1938. Por tanto, celebran el 18 de marzo como una fiesta patria.
No obstante, hoy, ese acto de 72 años de antigüedad ha metido a México en camisa de fuerza, una que amenaza tanto al bienestar del país como al suministro de petróleo a Estados Unidos.
Pemex, la compañía petrolera nacional creada después de la incautación en 1938, está entrando en un periodo de agitación. La producción de petróleo en sus antiguos yacimientos está decayendo con tanta rapidez que México, por mucho tiempo uno de los principales exportadores de petróleo del mundo, podría empezar a importarlo en una década.
México está entre los tres principales proveedores extranjeros de petróleo de Estados Unidos, junto con Canadá y Arabia Saudita. Se pueden reemplazar los barriles mexicanos, pero a un costo. Significa mayor dependencia estadounidense en países poco amistosos como Venezuela e inestables como Nigeria e Irak, así como en las arenas bituminosas de Canadá, una forma ambientalmente destructiva de producir petróleo.
Es probable que México todavía tenga bastante petróleo, especialmente bajo las aguas profundas del golfo de México, pero Pemex carece de la tecnología y experiencia para extraerlo. Invitar a compañías extranjeras al país para ayudar es una de las propuestas más delicadas en la política mexicana.
Mientras el Gobierno mexicano batalla para encontrar una forma de avanzar, sigue cayendo la producción.
El problema básico es simplemente que se agotó el petróleo fácilmente accesible de México – en una forma muy parecida a lo que le sucedió a Estados Unidos cuando la producción empezó a decaer en los 1970. La del gigantesco yacimiento de Cantarell de México, en aguas poco profundas, cercanas a la costa oriental, bajó en 50% en los últimos años. Se espera que la producción de los otros grandes campos del país empiece a declinar en un año o dos.
Históricamente, el petróleo ha contribuido con 30% a 40% del ingreso gubernamental. Al confrontar una calamidad potencial, el presidente Felipe Calderón ha presionado las reformas más fuertes que puede defender políticamente, con la esperanza de atraer inversión extranjera. Sin embargo, no se atreve a hacer nada que pareciera revertir la nacionalización de 1938. Se han objetado en los tribunales incluso las modestas reformas que logró que se aprobaran.
Oficialmente, el Gobierno es optimista de que México pueda revertir su descenso como país productor de petróleo. Sin embargo, sus esfuerzos hasta ahora han producido más retórica que petróleo.
En total, la producción petrolera mexicana ha caído de casi 3,5 millones de barriles diarios en 2004 a un promedio proyectado de 2,5 millones de barriles este año. Las exportaciones a Estados Unidos, ahora de 1,1 millones de barriles al día, han caído en casi un tercio en los últimos seis años.
El Departamento de Energía de Estados Unidos proyecta que la producción mexicana bajará en 600.000 barriles al día más para 2020; es probable que la combinación con la creciente demanda interna, lo haga un país importador de petróleo.
En los dos últimos años, México proveyó cerca de 12% de todas las importaciones de petróleo crudo de Estados Unidos, un suministro de cerca de 8% del petróleo total usado por las refinerías estadounidenses, según el Departamento de Energía estadounidense.
“El hecho de que la producción de México esté bajando rápidamente podría potencialmente causar una crisis financiera no sólo para Pemex, sino para el Gobierno”, explicó Enrique Sira, el director en México de IHS Cera, una consultoría en energía.
En una entrevista, Georgina Kessel, secretaria de Energía de México, señaló que espera que se estabilice la caída en la producción petrolera este año, “y podemos empezar el camino de regreso hacia revertir la caída en la producción en los próximos años”.
Para lograrlo, dijo Kessel, “México tendrá que ir a las aguas profundas del golfo de México”, donde ella estima que hay al menos 50 mil millones de barriles en reservas petroleras potenciales; más del doble de las actuales probadas.
|