Latino News and Opinion

“Reelección de Ortega podría llevar a la dictadura o al conflicto”
Por The New York Times/ Simón Romero   
08:58 | 11/18/10
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El impulso del presidente Daniel Ortega para quedarse en el poder utilizando una interpretación, ya refutada, de la Constitución, ha vuelto a inflamar el furor de los ex contras que combatieron a su Gobierno sandinista en los 1980, con un ex rebelde que tomó las armas en las montañas y otro prometiendo derrocarlo en las urnas.

En ausencia de un patrocinador de la posguerra fría, no obstante, la oposición nicaragüense batalla para coordinar una ofensiva electoral contra Ortega, cuyos índices de aprobación aumentaron al 45% el mes pasado, gracias a su respuesta ante las inundaciones, en las que murieron veintenas de personas y obligaron a miles a huir de sus casas, para la cual recibió ayuda financiera de Venezuela.

Los críticos de Ortega sostienen que está haciendo caso omiso de la Constitución y transformando su papel de mayor beneficiario centroamericano del presidente venezolano izquierdista Hugo Chávez, en capital político para las elecciones del año entrante, que se realizarán en noviembre.

“Chávez está apuntalando la dictadura de Ortega”, señaló Fabio Gadea, un contendiente por la presidencia que dirigió una estación de radio de los contras desde el exilio en Costa Rica en los 1980.

Argumentó que Estados Unidos “perdió vigor” en su propio patio trasero y ha hecho poco, como no sea reducir 62 millones de dólares en ayuda, para conjurar el avance de Ortega.

“Han cambiado los tiempos”, agregó Gadea. “Los que debemos defender la democracia somos nosotros, los nicaragüenses”.

Convencido de que las elecciones no serán justas, otro ex contra ha ido más lejos, se alzó en armas en las montañas, cerca de la frontera con Honduras.

“El Gobierno sigue violando la Constitución tanto como quiere”, dijo recientemente José Garmendia, también conocido como “El comandante Yahob”, a un periódico local.

Aunque su respaldo financiero se limita a magras donaciones de un alcalde al norte, Garmendia dijo que se acomodará hasta que aumente el apoyo, argumentando que “sólo una rebelión puede salvarnos de los abusos de Daniel Ortega”.

Nicaragua ha pasado las últimas dos décadas tratando de sanar de la guerra civil que destrozó al país y dejó 35.000 muertos. Ortega, elegido en 2006 con un ex contra como compañero de fórmula, ha distribuido materiales para techar, pensiones y títulos de propiedad a familias de contras que depusieron las armas como parte del acuerdo de paz de 1987.

Aunque es poco probable una repetición de la guerra de los contras, el impulso de Ortega por su reelección está reabriendo viejas heridas y, sostienen los críticos, haciendo que la democracia nicaragüense caiga en picada. Algunos opositores prometen boicotear la votación del año entrante, a menos que Ortega permita una reestructuración del Consejo Electoral que supervisó las elecciones para alcaldes en 2008, en las que las acusaciones de fraude desencadenaron la violencia que duró semanas.

La tensión política se profundizó cuando Ortega insinuó que volvería a contender por la Presidencia, a pesar de la prohibición constitucional de los mandatos sucesivos o de desempeñar el cargo en más de dos ocasiones. “El derecho a la reelección debería ser para todos”, dijo a partidarios el año pasado, en el 30 aniversario de la Revolución Sandinista. “Y el pueblo debería decidir a quién recompensar y quién castigar”.

Por carecer de los votos en el Congreso para reformar la Constitución, Ortega recurrió a la Corte Suprema. Seis magistrados del gobernante partido sandinista fallaron que la prohibición constitucional no se aplica a Ortega, pero el fallo inmediatamente causó protestas airadas porque se realizó cuando no estaban presentes los magistrados de la oposición.

Los opositores en el Congreso se atrincheraron y se negaron a votar las sustituciones en cargos importantes, incluidos magistrados electorales y para la Corte Suprema. Ortega se defendió emitiendo un decreto en enero por el cual se extienden los periodos de los funcionarios.

Dos magistrados sandinistas de la Corte Suprema pusieron a prueba el decreto en abril, negándose a entregar sus martillos y encabezando a un grupo escandaloso de partidarios sandinistas que entró en la Corte. En una toma por la fuerza, la multitud que gritaba ahuyentó a los magistrados de oposición, los que desde entonces han boicoteado las sesiones.

Entonces, Ortega mandó reimprimir una versión de la Constitución en septiembre que incluye un artículo viejo –y, argumentan algunos, sin vigencia– que aprueba las extensiones. Los magistrados sandinistas también han remplazado al presidente de la Corte Suprema con uno de los suyos, redondeando el control de Ortega sobre ella.

Ortega dice a menudo que hay una conspiración para derrocarlo, en especial desde que expulsaron a su aliado, el presidente Manuel Zelaya de Honduras, con un Golpe de Estado el año pasado.

Ortega dijo que al permitir un gobierno después del golpe de Estado en Honduras, Estados Unidos ha alentado a los confabuladores contra gobiernos latinoamericanos de izquierda, incluido Garmendia, a quien llamó un “delincuente en las montañas”.

“No existe la mínima posibilidad de un golpe de Estado debido a la naturaleza de nuestras fuerzas armadas”, dijo Ortega en un discurso reciente, flanqueado por dirigentes del Ejército y la policía. “El Ejército y la Policía nacieron con la revolución y ella los formó”.

Entre tanto, candidatos de oposición compiten para mostrar que Estados Unidos los apoya, a pesar de la renuencia de Washington de intervenir en política en el país que produjo el escándalo “Irán contras”. El embajador estadounidense en Managua, Robert J. Callahan, ha disminuido las críticas públicas sobre la situación política después de que partidarios de Ortega lo hicieron que abandonara una feria universitaria el año pasado, lanzando fuegos artificiales y piedras contra la embajada.

No obstante, un portavoz de Arnoldo Alemán, un ex presidente cuya sentencia de 20 años por cargos de corrupción se anuló el año pasado, dijo hace poco que Estados Unidos respalda su nuevo intento por conseguir la presidencia, mientras que Gadea dijo que una invitación a una cena reciente con funcionarios de la embajada es un sello de aprobación por parte de Estados Unidos para su campaña.

“Estados Unidos apoya mi candidatura”, dijo Gadea en una entrevista reciente en la casa de un funcionario de la embajada. “Mi discurso es acorde al pensamiento liberal y los valores morales que forman el concepto de la política estadounidense”.

Callahan dijo que Estados Unidos no ha tomado partido en las elecciones. Anunció el 12 de noviembre que Nicaragua es otra vez elegible para un programa de ayuda estadounidense, cancelado en 2008 debido a inquietudes electorales.

Ambos candidatos podrían mantener dividida a la oposición. Aunque resulta que Alemán y él son parientes políticos, Gadea rompió con el Partido Liberal Constitucionalista de Alemán para distanciarse de él, a quien Transparencia Internacional clasificó como uno de los dirigentes más corruptos del mundo en 2004.

Ortega, quien fue Presidente en los 1980, pero perdió unas elecciones en 1990 a medida que decreció el apoyo soviético, ha recibido al menos 1.400 millones de dólares de Chávez en petróleo, ayuda e inversión para impulsar su lucha contra la pobreza y el analfabetismo, muestran cifras del banco central.

Gadea dijo que, de ser elegido, se negaría a incluir a cualquier sandinista en su gobierno. El vicepresidente Jaime Morales Carazo dijo en una entrevista que la reelección de Ortega podría llevar a la dictadura o al conflicto, y agregó que dimitiría si Ortega volviera a ganar.

Morales, un ex negociador de los rebeldes contras, se integró a la campaña de Ortega en 2006 para crear un gobierno de reconciliación.

“Entonces, todas las estimaciones apuntaban a su favor”, dijo Morales. “Ahora hay más seguridad de que ganará Ortega”.

 

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