Los afortunados con visa de EE.UU. solo esperarían cerca de dos horas para pasar los filtros de seguridad. Paralelamente decenas de carros esperaban casi el mismo tiempo para cruzar la frontera.
Cruzar a pie la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez es literalmente como cruzar la calle.
En pocos pasos supuestamente cruzamos de la segunda ciudad más segura de los Estados Unidos, a la hoy ciudad más violenta del mundo.
Pero eso no se ve ni se siente con tanta claridad. Al menos no al mediodía del sábado 30 de enero, tan solo 12 horas antes de la matanza de 16 adolescentes acribillados por sicarios en la madrugada siguiente.
En el centro o ‘downtown’ de El Paso abundan los negocios de “préstamos desde 50 dólares”, montes de piedad también conocidos como casas de empeño, locales, y muchos almacenes con mercadería china, desde ropa hasta electrodomésticos; signos inequívocos de que estamos en un barrio pobre como los tantos que se ven en las ciudades estadounidenses.
Entrar a México -a la histórica y hoy muy temida Ciudad Juárez- es entrar a uno de miles de pueblos de Latinoamérica llenos de gente, con calles rotas, soldados y policías armados. En fin, el trajín común de una mañana de sábado.
Lo que sí es notorio en la calle Juárez, que le sigue al puente internacional ‘El Paso del Norte’, es el sinnúmero de negocios pensados para turistas estadounidenses, hoy la mayoría cerrados. Muchos letreros ofrecen atención dental para “root canal” o como decimos en español endodoncia; es obvio que la atención médica y las medicinas en Ciudad Juárez sean más baratas.
Pero los ‘gringos’ ya casi no cruzan. A los militares de Fort Bliss, donde se ensayaron los famosos misiles ‘Patriot’ y el mayor generador de ingresos para El Paso, les tienen prohibido pasar a Ciudad Juárez. Oportunidades no faltan, los mapas turísticos muestran hasta cinco puentes para cruzar el Río Grande.
Es muy elocuente el hecho de que en El Paso exista la ‘Porfirio Días Street’, honrando al dictador de principios del siglo XX, y en Ciudad Juárez, la calle ‘Francisco Villa’, protagonista de la Revolución Mexicana que combatiera al dictador.
Los empresarios mexicanos y las familias con recursos viven en El Paso, pero no en el desolado ‘downtown’, donde hacen compras los pobres, sí en el típicamente estadounidense ‘East El Paso’, donde abundan los centros comerciales y todos salen ‘de shopping’.
Ciudad Juárez en cambio, vive a su propia suerte
Tan pronto nuestros conocidos se enteraron de que cruzaríamos el puente, además de sorprenderse, inevitablemente nos inundaban de consejos: No cruzar, acompañarnos para guiarnos o hacerlo lo más disfrazados posible. Sin embargo, nuestra apariencia de turistas no ayudaba ¿O quizás sí?
Opté por lustrarme los zapatos en la Plaza de Armas, los zapateros son una de mis fuentes informales de información. Para Ramón, el zapatero, Ciudad Juárez quizá tenga 4 millones de habitantes, mientras que las fuentes oficiales hablan de 1,5 millones.
Ciudad Juárez y El Paso son realmente una sola ciudad dividida por el Río Grande. Según las estadísticas es ‘la zona metropolitana binacional más populosa del mundo’ con 2,6 millones de habitantes.
No obstante, Ramón no falló en la más importante apreciación de todas: “Ciudad Juárez está abandonada por el Gobierno”. Ni el envío reciente de 4.000 militares detiene el azote de la violencia y la muerte perpetrada por los narcotraficantes todos los días.
De las 7 mil muertes en México atribuibles al narcotráfico, tan solo en 2009 cerca de 4 mil ocurrieron en el estado de Chihuahua, más de la mitad en Ciudad Juárez.
Al desafuero narcotraficante fácilmente se suman otros desmanes como los macabros ‘feminicidios’. Las ‘muertas de Juárez’ son las víctimas -más de mil- de un sistemático crimen en contra de mujeres jóvenes y pobres que las autoridades no han podido resolver en más de 14 años.
Teresa, una cocinera juarense, que cruza todas las semanas la frontera para trabajar en un hotel de El Paso, cree que se trata de algún potentado con alguna conexión a la infame industria del sexo. Según Teresa, los criminales buscan a mujeres jóvenes de cabello negro y largo, por ello su hija se lo cortó como medida de precaución.
Decir que al otro lado del puente, en la calle del frente, en esa otra ciudad de ese otro país, sucede todo lo malo, es cerrar los ojos a una monstruosa complicidad.
Los muros, los operativos de seguridad, la incautación de algunos kilos de droga y de unos cuantos dólares no hacen mella alguna al exorbitante volumen de un negocio que nadie detiene, y que quizá nadie quiere detener.
¿Cómo explicar que más de 36 mil millones de dólares son generados por los carteles de la droga en México, por sus ventas a Estados Unidos? Este ingreso supera a las exportaciones de petróleo mexicanas.
¿Cómo transitan sin detectarse las miles de toneladas de cocaína, heroína y marihuana? ¿Cómo explicar el multimillonario tráfico de armas de alto poder desde Estados Unidos hacia los carteles mexicanos de la droga?
Al cabo de unas horas en Ciudad Juárez, llegó el momento de cruzar el puente hacia la ‘segunda ciudad más segura de los Estados Unidos’. La cola era larga, para los mexicanos.
Los afortunados con visa solo esperarían cerca de dos horas para pasar los filtros de seguridad. Paralelamente decenas de carros esperaban casi el mismo tiempo para cruzar la frontera.
Gracias a nuestro pasaporte azul, cruzamos en menos de 10 minutos; entrar a México nos tomó la mitad de ese tiempo.
Según Ramón, quien dijo haber vivido en Los Ángeles y en el Bronx, quizá 1 de cada 4 juarenses cruza a El Paso para trabajar o estudiar. Allá en 1993 registraban 60 millones de cruces en ese punto de la frontera.
Para cruzarla sin problemas se necesita al menos una de solo 4 cosas: Tener el pasaporte azul, ser millones de dólares, ser un arma de fuego de alto calibre o ser miles de toneladas de droga.
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