Latino News and Opinion

Cortarle las orejas a su mascota podría costarle su estancia en EE.UU.
Por Paola Chávez/ Redacción AL DÍA   
08:34 | 06/10/11
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Todo comenzó cuando Oscar Barrera, de 20 años, originario de Oaxaca, México, fue arrestado por la Policía de Filadelfia por cortarle las orejas a uno de sus dos perros pit bull. El joven pensaba que así luciría más ‘gordo y bonito’ y ahora el incidente podría costarle la deportación a México, un país que dejó hace 9 años.  

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“Sabíamos que no era bueno tenerlos en la casa pero él no los usaba para pelear, los teníamos como mascotas”, comentó Eva Serrano, madre del acusado. 

Aparentemente, un vecino llamó a la Policía alegando maltrato de animales y fue así que, sin orden de cateo y armados, la Policía entró y se llevó al joven. “Cuando llegaron a la casa, la Policía me dijo que buscaban a un delincuente que vendía armas y drogas –dijo Serrano– pero mi hijo no es ningún criminal”.

Con los ojos empapados en lagrimas, Serrano, de 41 años, cuenta sobre el día que arrestaron a su hijo. 

“Cuando llegaron por él, yo lo jalaba, les decía que por favor no se lo llevaran, que él era inocente”. Sus esfuerzos fueron en vano. “Me quitaron y me dijeron que me sentara o estaría peor. Mijo solo me veía; yo le dije que no se preocupara, que Dios estaba con nosotros”.

Sin embargo, el verdadero problema se originó cuando supuestamente Serrano, Barrera y su abogado no se presentaron a la cita de corte el 10 de noviembre del 2010 como se les solicitó. En la corte se discutiría el caso sobre el cargo de abuso hacia el canino que enfrentaba Barrera y se llegaría a un acuerdo. 

Brennan Gian-Grasso, abogado defensor de Barrera, afirma que el nombre del joven no estaba en la lista ese 10 de noviembre del 2010. 

“Es obvio que hubo un error de agenda. Nosotros estuvimos ahí el día que nos habían asignado y él (Barrera) no aparecía en el listado”, dijo el abogado.  

Gian-Grasso explicó que cuando esto ocurre, usualmente la corte se encarga de programar una nueva cita. Sin embargo, este no fue el caso. “Después de ese día no obtuvimos ningún tipo de comunicado”, agregó. 

Lo mismo ocurrió con la orden de deportación de Barrera. Según cuenta Gian-Grasso, Barrera jamás recibió citatorio en relación a su problema migratorio. “Nuestro argumento es ese, que jamás le llegó ningún aviso, por ende era imposible que estuviera enterado de su fecha de audiencia”, dijo Gian-Grasso.

Es por eso que el abogado ha presentado una moción de reapertura en el caso de Barrera. Sin embargo, ésta sigue pendiente y ha tomado más tiempo de lo normal. 

Mientras tanto Serrano no se da por vencida y lucha por demostrar la inocencia de su hijo. 

“Según yo, iba a pagar una multa para que lo soltaran por lo del perro, pero ahí me dijeron que él no iba a salir por problemas con inmigración y lo pasaron con ICE”. 

Serrano llegó a Estados Unidos hace 17 años huyendo de una vida llena de violencia. 

“Mi esposo nos maltrataba mucho. A mi me arrastraba y me pegaba con lo que encontrara”, narró la Oaxaqueña. 

Es por eso que un día, a los siete meses de embarazo, Serrano intentó quitarse la vida tomando insecticida. 

“Ya no soportaba lo que me hacía. Siempre me pateaba la barriga y sentía que me iba a sacar al bebé por la boca”. Ademas, “una vez casi mata a Oscar a patadas cuando tenía solo 7 años. Lo dejó inconsciente por un rato”.

Tras años de sufrir abuso físico y sexual, Serrano llegó a Nueva York, dejando atrás a sus cuatro hijos. 

Tardó dos semanas en llegar a tierra estadounidense, sin documentos, donde trabajó en Atlantic City y Long Island Beach (NJ), para ganarse la vida. Después de haber ahorrado lo suficiente, la madre volvió por sus hijos.

Serrano, quien hoy tiene su estatus legal, dice sentirse más segura. “Aunque yo empecé de ilegal, ya tengo mi tarjeta verde, ya no me pueden hacer nada”. Pese a que recibirá la ciudadanía americana en cinco años, Serrano se preocupa por sus hijos. “Yo ya estoy vieja. Lo que quiero es un futuro para ellos, ellos apenas van para allá”.

El próximo 10 de junio se cumplirán tres meses desde que Barrera fue arrestado y puesto en custodia de las autoridades de la Prisión del Condado de York. 

York (PA), ciudad en la que se encuentra encarcelado Barrera, queda a dos horas del sur de Filadelfia, en donde vive Serrano. Debido a la distancia, solo ha podido visitar a su hijo dos veces y teme lo peor ya que el tiempo pasa y ella sigue sin ver resultados. 

“Yo tengo miedo de que lo manden para México, más que nada porque el bebé lo está esperando”, dijo Serrano, abuela de Yadiel, hijo de Barrera quien nació hace apenas un mes. 

“Él tiene un hijo aquí que mantener, es su obligación, yo no puedo”, dijo Serrano. 

Como Barrera, muchos extranjeros son deportados sin ser encontrados culpables de delito alguno.

“Lo que ocurre con frecuencia es que nuestros clientes se involucran en delitos menores, son arrestados y después son cuestionados por ICE”, dijo Gian-Grasso.

La Policía de Filadelfia comparte información con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) a través del programa Comunidades Seguras. 

Según ICE el objetivo del programa es velar eficazmente por el cumplimiento de las leyes de inmigración. De acuerdo con Brittney Nystrom, directora de Políticas y Asuntos Legales de ICE, “El programa Comunidades Seguras se centra en tratar de identificar, en las comunidades locales, a delincuentes extranjeros peligrosos para su remoción”. 

Sin embargo, en Filadelfia más del 60 por ciento de los deportados, identificados por el programa de Comunidades Seguras, no son convictos. 

Una de las mayores inquietudes de grupos pro inmigrantes es que desde la fundación de dicho programa, han aumentado las deportaciones de extranjeros en base a su perfil racial. 

Según explicó Gian-Grasso las leyes hoy en día son cada vez más estrictas en cuanto a inmigrantes. Por ende, son pocas las opciones disponibles para Barrera. Debido a que la orden de deportación presentada en su contra continua siendo una traba, es poco probable que una fianza ayude a su situación.

En el peor de los casos, Barrera podría optar por salir voluntariamente del país. De esta manera, no tendría tantos problemas al intentar volver a Estados Unidos. 

Aun así, es posible que Barrera pueda probar que su deportación causaría dificultades y sufrimiento a algún pariente estadounidense y obtener así lo que llaman un ‘harship waiver’. En este caso, entra en juego su hijo a quien Barrera no ha tenido la oportunidad de conocer y si es deportado, sus posibilidades de hacerlo son mínimas. 

Por su parte, Serrano insiste en que su hijo no es ningún delincuente. Lo describió como un joven bueno al que le gusta estar en su casa y además trabajador. 

“Nosotros nos venimos de México por la violencia doméstica que sufríamos. No es por gusto que andemos por acá, en nuestro caso, es por miedo”.

Los cargos de maltrato animal que enfrentaba Barrera han sido retirados pero éste sigue detenido debido a su estatus migratorio. 

“Yo puedo rascar cielo y tierra y encontraré pruebas suficientes para que él sea libre. Si mijo dice la verdad, aquí se va a ver”.

 

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