Latino News and Opinion

Cinco años en el Congreso tardó legalización de 1986
Por Gerardo López - Especial para AL DÍA   
10:39 | 02/11/10
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El anuncio del nuevo proyecto migratorio ocurrió en octubre pasado por parte del congresista Luis Gutiérrez, quien lo presentó en diciembre pasado al Congreso. 

Las grandes luchas se ganan con testarudez y perseverancia a pesar de los desafíos. Se cae y se levanta. Se vuelve a caer y se vuelve a levantar. Y así hasta la victoria.

La lucha no es una tarea fácil. No se gana echándose a correr tras las primeras escaramuzas. Ni cuando se pierde en el primer enfrentamiento. Tampoco se abandona al general a media guerra porque no ha cumplido con lo prometido.       

La reflexión viene al caso por la reciente andanada de críticas al presidente Barack Obama por no haber dedicado más tiempo y espacio al tema migratorio en su reciente discurso al Congreso.

El votante latino favoreció en una gran mayoría a Obama porque creyó en su programa de gobierno. Y porque el Presidente prometió promover la aprobación de una reforma migratoria integral.

Pero ahora el Presidente se encuentra en medio de una guerra campal en un clima político enrarecido que le resulta hostil.   

La oposición lo frenó en sus intentos por reformar el sistema de salud. Estaba a punto de lograr su objetivo, cuando la pérdida de una supermayoría en el Senado, con la elección del republicano Scott Brown, vino a voltearle las cosas. Hubo que hacer ajustes y cambios.

Y en ese momento se presentó ante el Congreso. Habló poco, y casi de pasada, sobre el tema migratorio. Supongo que no quiso levantar más polvareda.       

Este hecho deja muy en claro que la reforma migratoria no la dará ni el Presidente ni los demócratas. El que la quiera tiene que luchar por ella, sin descanso. En esta lucha es bueno tener amigos influyentes y poderosos.

No se les puede abandonar. Se les debe presionar para que cumplan promesas pero también hay que respaldarlos.  Es el momento de que el latino entre de lleno a esta guerra política si quiere una reforma migratoria integral.  

El último proyecto de ley que incluyó un programa de legalización para indocumentados fue promulgado en 1986. Pero la lucha por su implementación se dio durante tres ciclos de vida del Congreso, durante cinco años.

El proyecto Simpson-Mazzoli se presentó por primera vez al Congreso en 1981 y feneció en las postrimerías de ese mismo Congreso en 1982. Se le volvió a resucitar en un nuevo Congreso en 1983 y volvió a fenecer en 1984.

Vuelve a la vida en 1985 como Simpson-Rodino y tras largas refriegas políticas, el poderoso congresista Peter Rodino lo da por muerto en agosto de 1986. Pero gracias a la labor tras bambalinas de los congresistas Charles Schumer y Howard Berman, el proyecto Simpson-Rodino se levantó de la tumba como Lázaro y finalmente fue aprobado en octubre de 1986.

El presidente Reagan esperó dos días después de su reelección en noviembre de ese año para convertirlo finalmente en ley.      

En papel, el repaso histórico de las vicisitudes de un exitoso proyecto de ley de inmigración se ve fácil y rápido. Pero la realidad fue dura y difícil.     

Como de seguro lo será el debate de una reforma migratoria en el actual Congreso que se renovará en las elecciones de noviembre próximo. El clima político será difícil.   

Por eso es necesario que los latinos se metan más de lleno y con una estrategia amplia y más coordinada a esta lucha. También deben entender que hay que trabajar el tiempo que sea necesario, y con quien sea necesario para lograr el objetivo final.

Las victorias no se dan como trofeo, se ganan y obtienen con esfuerzo sostenido. Ni el Presidente, ni los demócratas serán los salvadores en esta lucha.

Se antoja que los latinos deben comenzar a usar mejor sus armas. Y tener muy en claro que los políticos son políticos porque saben contar. Les encanta sumar. Y odian las restas. Saben sumar votos. Y están dispuestos a hacer o dejar de hacer lo que sea con tal de ganar elecciones.

Si todos los latinos formaran una especie de red social y comenzaran desde ya a convencer a sus amigos, conocidos, y a los amigos de los amigos, a votantes de otros grupos sobre su situación migratoria, de los beneficios que aportan al país y a la economía, muchos de ellos se convertirían en aliados y presionarían a sus congresistas a la acción.  

Muchos indocumentados tienen historias humanas interesantísimas que contar. Tienen ejemplos de vida y pruebas de su contribución al mejoramiento y crecimiento del país. Hay que contarlas a los amigos y a los amigos de los amigos hasta el final de la cadena.      

Algunos estudiosos ofrecen evidencias y argumentos positivos de la realidad de los inmigrantes.   

En reciente estudio, el Dr. Raúl Hinojosa, de la Universidad de California en Los Angeles, señaló que el impacto de “una reforma migratoria, de la legalización de inmigrantes crearía en el futuro un beneficio económico de 1,5 trillones de dólares”.

Argumenta que una reforma migratoria aumentaría salarios e incrementaría la productividad porque los trabajadores y sus familias estarían más integrados a la estructura de este país.  “Lo sabemos porque eso fue lo que pasó en 1986”.

Otro estudioso, el Dr. Dowell Myers, de la Universidad del Sur de California, habla sobre la lógica de una alianza entre los llamados “babyboomers” (la generación de la postguerra), un grupo demográfico de 78 millones de personas que comienza a desplazarse lentamente fuera del mercado laboral y empieza a colectar beneficios de Seguro Social y a usar los servicios de Medicare.

El Seguro Social y Medicare necesitan nuevas corrientes de fondos para reemplazar las que dejan los “babyboomers”. Y los inmigrantes podrían ser aquí los mejores aliados de los “babyboomers”, argumenta el Dr. Myers.

Sí, la oposición bombardeará con argumentos negativos sobre el indocumentado. Los latinos deben comenzar desde ya a contrarrestar la efectividad de esa negatividad. 

La guerra apenas comienza. No se debe abandonar al general ahora. Hay que ponerse a trabajar y a blandir las mejores armas: las realidades y ejemplos de inmigrantes trabajadores, hacendoso, dedicados a sus familias, contribuyentes fieles y leales al crecimiento y engrandecimiento de la nación que les da trabajo y hogar.

*J. Gerardo López es un periodista independiente radicado en Los Angeles. Se desempeñó durante muchos años como editor de La Opinión.  
 

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