Latino News and Opinion

Destierro, naufragio y una nueva vida
Por Ana Gamboa / Redacción AL DÍA   
15:13 | 08/16/12
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El cubano Humberto Martínez salió de forma ilegal de Cuba en 2008 dispuesto a buscar una mejor vida para su familia. Este año, luego de su reunión ocurrió un accidente que se llevó gran parte de ese sueño.

La espera había sido dura pero en ese momento todo sacrificio había valido la pena. Después de dos años de papeleos y un largo proceso legal, el cubano Humberto Martínez (quien prefirió mantener su verdadero nombre anónimo por razones personales) recibiría a su esposa en la frontera mexicana para traerla a EE.UU. junto a su hijo de cinco años.

“Ella llegó el 27 de julio, al día siguiente la soltaron de la oficina de inmigración y viajamos para Florida para visitar a su prima. Yo la traje porque la amaba, ese había sido mi sueño”, dijo Martínez desde su apartamento en el norte de Filadelfia.

El cubano ha residido en la ciudad desde hace cuatro años. Llegó con la intención de trabajar muy duro para eventualmente poder traer al resto de su familia y huir de una situación económica precaria en Cuba.

Su sueño le había costado casi la vida, mucho tiempo, dinero y una perseverancia tenaz. Aunque no habia visto a sus otros dos hijos, quienes aun se encuentran en la isla, ni a su pareja en todo ese tiempo ahora por fin la tenía una vez más junto a el.

“Salimos el 30 de julio en carretera, fuimos a recoger a un compañero que manejaría con nosotros. Él manejo desde Fort Meade hasta la ciudad de Tallahassee, luego yo cogí el timón desde las 10:00 p.m. hasta las 5:00 a.m.”, dijo Martínez.

En la madruga cuando ya habían alcanzado la carretera en Carolina del Norte, su compañero insistió en tomar el volante para dar un descanso a Martínez, sin imaginar la tragedia que estaba a punto de suceder.

“A las 7 y cuarto del primero de agosto fue que pasó el accidente. Yo me desperté cuando el carro ya estaba volcado con las llantas boca arriba, el niño fue el que me despertó, yo estaba fuera de mi, con la bolsa de aire. Saqué al niño del asiento y cuando voy a ayudar a la mamá noté que no tenía pulso, le doy respiración de boca a boca y veo que no reacciona. Después vinieron los bomberos y me confirmaron que ella estaba muerta, fui y se lo dije al niño ‘papi, tu mamá esta en el cielo, a tu mamá ya no la vamos a ver más’.

A solo dos semanas de haber perdido a su pareja y encontrarse en una situación precaria como nuevo padre soltero, Martínez sigue adelante.


Martínez recibió los restos de su mujer días después del accidente que ocurrió en Carolina del Norte. Su hijo de cinco años logro salir ileso del choque. 

 

“Me daba lo mismo que me comiera un tiburón o que me quedara en el mar”

 Entre tubos de aluminio, aserrín y laminas se construía de la forma más secreta una balsa de cinco metros de largo. Algunas de las partes parecían no ensamblar y tampoco se tenía una seguridad de la eficacia del motor, sin embargo, cada pieza adquiría un valor excepcional por el solo hecho de haber sido obtenida. 

Fueron casi dos años los que le tomó a Martínez construir una balsa para salir de su provincia en Cuba. El hombre ya había intentado salir de la isla de forma ilegal en diez ocasiones, pero no fue hasta abril del 2008 cuando la suerte estuvo de su lado y logró abandonar la isla para siempre.

El gran escape se dio entre Martínez y otros tres, quienes rentaron una casa a una milla de la costa destinada a la creación del bote que finalmente les podría dar la salida que tanto deseaban.  

“Conseguí un motor italiano que se utilizaba como bomba para sacar agua, el que yo tenía era de un pistón nuevo de paquete. Lo fundamental de la construcción es el lugar que se escoja, para hacerla con tiempo. Hay que echarle agua de un día para otro porque no la puedes probar directamente en el mar. Teníamos el esqueleto, laminas, tornillos, paño, resina”, dijo Martínez.

Durante sus primeros intentos de escape buscó a gente que planeara dejar la isla y tenía que pagarles su viaje, hasta que después de tantos intentos que terminaron en fracaso, el dinero no le dio para más. “La última vez que me cogió un barco y me regresó, fue que recapacité y pensé en hacer mi propia balsa”.

En ese último intento se decidió zarpar hacia el Golfo de México en lugar de la península estadounidense. Según Martínez, las olas del estrecho de la Florida son más grandes pero también más fáciles de navegar. “Por el Golfo de México es más difícil, si se te rompe el motor vas para el cementerio. De noche en el mar usted no se ve ni las manos”.

El cubano sabía que el viaje era un riesgo de todo o nada, los peligros a los que se enfrentaría incluían desde ser arrestado o perecer a falta de agua o alimento.

“Mi estado en la isla era el de un zombi pero me daba lo mismo que me comiera un tiburón o quedarme en el mar. Yo me fui de Cuba un día del mes de abril a la media noche. La balsa estaba bien hecha pero no tenía potencia así que duramos siete noches en el mar”, dijo Martínez.

Cuando por fin divisaron un barco a lo lejos y después de haber estado un día y medio sin agua, fue que por fin se pensaron victoriosos tras semejante escape. “Los tripulantes nos preguntaron si éramos cubanos, nosotros respondimos que sí. Una vez que estuvimos abordo ellos nos dijeron que eran del cartel del Golfo y me tuvieron en custodia durante 22 días”.

Después de haber pasado tres semanas sin saber si viviría uno de los miembros del cartel se apiadó y le “echo una mano”. Ellos mismos lo llevaron hasta una terminal de camiones para que continuara su viaje.

“Cuando me tuvieron en esa casa yo recorte un pedazo de prensa con el mapa de México y me di cuenta que ruta debía tomar. De Mérida me fui para Veracruz, y de ahí hasta la ciudad de Matamoros que es frontera con Brownsville (TX)”, dijo Martínez.

Una vez que puso un pie en suelo norteamericano Martínez pudo entrar al país sin problemas bajo la ley de Ajuste cubano (CAA) creada en 1966 para dar asilo a cualquiera que toque suelo norteamericano.

Según el cubano, su llegada a Filadelfia se debió a muchas personas que lo ayudaron, a cada taxista o conductor que al que le pedía un aventón sin tener una moneda en el bolso.

“Soy una persona bien trabajadora de lo que haya que hacer, construcción, pintura. Empecé en 2009 limpiando pisos en Franklin Mills en una tienda, hasta que después me hice chofer. Al niño no le pasó nada más que un rasguño en el accidente, yo necesito darle buenos ejemplos y encargarme de él”, dijo Martínez.

 

 

Tierra roja

Martínez es uno de millones de cubanos que han salido de la isla desde la llegada de Fidel Castro al poder en 1959.

Uno de los casos más recientes que llegó a los titulares de los medios fue el del periodista Luis López Viera, quien desertó la delegación oficial cubana que participó en los XXX Juegos Olímpicos de Londres y pidió asilo ante las autoridades británicas, según reportó Café Fuerte.

Se puede decir que los cubanos se ven en la necesidad de desertar o huír de su propia patria, porque como lo ha dicho la reconocida bloguera cubana Yoani Sánchez, “los cubanos son como niños que deben pedir permiso para salir del país”.

“Para saber lo que pasa en Cuba, hay que ser cubano. Tu vas a visitar la isla y te hospedan en los mejores hoteles, disfrutas de comida, la música y te tratan de lo mejor. Me fui por mis hijos, porque ellos ya estaban creciendo y yo no tenía para mantenerlos. Yo andaba con un solo par de zapatos y pantalones, aquí soy pobre y mira cuantas cosas tengo”, contó el cubano.

Martínez nació en la provincia de Artemisa, en la parte occidental de la isla. Se graduó de la Escuela Nacional de Deporte con una licenciatura en educación física y era pelotero de béisbol.

Aseguró que cuando era estudiante en la década de los ochenta tuvo a los mejores profesores y Cuba era un paraíso.

La suerte le cambió cuando en 1997 a los 27 años fue sorprendido con un grupo de cubanos apostando en juegos deportivos, actividad que es ilegal en la isla.

“Me suspendieron de por vida y no me dejaban jugar en ninguna liga.  Estaba en muy mala situación de salud y sin trabajo,   no fue hasta la visita en 1998 del papa Juan Pablo II que mejoró mi situación y comencé a trabajar de cantinero a vender tragos”, dijo Martínez.

La fe y el trabajo duro lo mantuvieron hacia adelante, pero con los años vinieron mayores responsabilidades, y con su primer matrimonio tuvo dos niños. Su mayor problema fue que “en Cuba si almuerzas no comes y si comes no almuerzas, comerse un bistec en Cuba es un pecado”.

Precisamente este año la icónica libreta de abastecimientos cumplió 50 años, con su sistema de racionamiento de alimentos que pretende garantizar que todos los productos básicos estuvieran al alcance de toda la población.

Según un reporte de Fernando Ravsberg, Cuba gasta más de $1.000 millones de dólares anuales en subvenciones a los alimentos que se entregan a través la libreta a todos los ciudadanos, los cuales solo pagan un 12 por ciento del valor real de los productos.

Las cantidades son pequeñas y duran apenas unos días.  “A usted le dan cinco libras de arroz por mes y eso dura unos días, pero los demás qué. A los niños les dan un litro de leche diario pero a los 7 años se las quitan”, dijo Martínez.

Durate mucho tiempo tuvo que vivir en casa de su suegra porque hasta hace poco, existían  muchas prohibiciones para la compra y venta de propiedades.

No fue hasta noviembre del 2011 que el Gobierno del actual presidente Raúl Castro, diera luz verde al Decreto Ley 288, modificativo de la Ley General de la Vivienda de 1988, que flexibiliza la transmisión de la propiedad de viviendas, la cual puede hacerse mediante compraventa, permuta, donación o adjudicación siempre que las propiedades estén inscritas y actualizadas.

 “La pregunta es porque tantos cubanos se quieren ir. Ya me enviaron mi carta donde me avisaron que no puedo regresar, tengo mi pasaporte con el que puedo ir a cualquier parte del mundo, menos a mi patria”, dijo el cubano quien todavía recuerda como si fuera ayer el día que recibió el aviso.

Martínez confesó que al leer el mensaje se puso a llorar como un niño. Aunque sabe que es muy problable que nunca regrese a su casa, aun recuerda muy de cerca su provincia.

“En mi área la tierra es roja y le dicen la vía roja. Es una tierra fértil, ahí se cultivaba la caña de azucar, antes del año 59 había como cuatro industrias, fábricas de cementos, dos centrales azucareras, la Coca Cola. Era un pueblo prospero y ahora la gente está desempleada en su casa con la cabeza loca”, dijo el cubano. 

Ahora a pesar de la tragedia por la que atraviesa, aun tiene en sus planes darle una vida mejor a su familia y poder traer al resto de sus hijos a Filadelfia.

Parte de su sueño parecía haber sido logrado al enterarse que su esposa por fin podría reunirse con él.

“Todavía recuerdo el día en que me enseñó la carta donde se avisaba que su esposa e hijo vendrían a Estados Unidos. Su cara brillaba de felicidad y me dijo ‘es como si acabara de ganar un millón de dólares’”, escribió un amigo cercano de Martínez en su página de Facebook.

Solo el tiempo dira cómo resultaran las cosas para él y su hijo de cinco años, quien apenas comienza una nueva vida muy distinta a la que le podría haber esperado en la isla.

“Ya me quedan ocho meses para aplicar para la ciudadanía, tuve la mala suerte de que nos pasara esto, fue muy irónico. Pero ahora solo queda tirar pa’lante”, concluyó Martínez.

 

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