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La doble atadura y conciencia de Julia De Burgos
Por Arturo Varela / Redacción AL DÍA   
09:30 | 03/03/11
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“Julia De Burgos desafió con su poesía los mitos nacionales del origen racial en Puerto Rico, pero también los mitos de la raza negra y del género”, dijo Sonja S. Watson, durante la edición 15 del Simposio Arturo Schomburg, en Taller Puertorriqueño, en el norte de Filadelfia.

“De Burgos construyó en Puerto Rico una poética femenina y creó un espacio para las mulatas como sujetos de escritura en vez de objetos de escritura”, agregó Watson.

La académica de la Universidad de Texas en Arlington presentó el pasado sábado su artículo “Doble atadura, doble conciencia” sobre la poeta puertorriqueña, en el simposio dedicado a las influencias africanas en la literatura latinoamericana.

“Debido a su género y a las normas sociales, y las limitaciones establecidas para los negros, a Julia De Burgos le parecía difícil reconciliar su herencia como mulata en una sociedad hispana de hombres blancos”, dijo Watson. “Su trabajo ilustra la doble mentalidad de las autoras negras que buscaban identificarse como mujeres y negras a la vez”.

Watson citó un artículo de Rosemary Feal, directora de la Asociación de Lenguaje Moderno (MLA), que explica la llamada “doble atadura” de las escritoras de descendencia africana:

“Defender la dignidad de todos los personajes afroamericanos, mientras participan en legítimas prácticas feministas”.

Como hija de padres de ascendencia alemana y española, se desconoce si ambos padres de De Burgos poseían sangre africana o solo uno; la poeta ha sido descrita como una “mujer de piel canela” con “resonancias de sangre indígena”.

Feal agrega que para estudiar la intersección de raza y género en los trabajos de las escritoras negras latinoamericanas es necesario apegarse al contexto histórico y social en el que estas vivieron en sus respectivos países.

Watson también citó al intelectual afroamericano William Edward Burghardt Du Bois, quien en 1903 escribió sobre la “doble conciencia” que enfrentaban los afroamericanos en ese entonces:

“Un sentimiento de estarse viendo a sí mismo a través de los ojos de otros, de medirse a sí mismo por la percepción del mundo que mira sin sorpresa, con desprecio y lástima, uno siente su realidad como un negro estadounidense, dos almas, la idea de dos luchas sin reconciliar”.

Según Watson, esta idea de principios del siglo pasado refleja la problemática que vivió De Burgos, y que los afroamericanos enfrentan incluso hoy en día, sin embargo, no incorpora el problema de género que explora la poeta boricua en su trabajo literario.

“La doble conciencia de De Burgos se desarrolla de manera múltiple entre su herencia multicultural como mulata y su género”, dijo Watson. “Esta doble atadura y doble conciencia la forzó a definir su herencia multicultural en una sociedad que aborrecía a los negros, y como precursora del movimiento feminista, también negoció un espacio poético para retar las normas sociales”.

Los trabajos de De Burgos fueron publicados entre 1930 y 1940.

“En ese tiempo escribías como negro o como mujer, pero era difícil escribir como ambos”, dijo Watson. “Como mulata, De Burgos reconcilió su herencia blanca y negra, que se veía aún más complicada por su género y por el estatus inferior de las mujeres negras a quienes no se les concedía el mismo estatus social ni las mismas libertades sexuales que las mujeres blancas”.

Watson citó a Gladys Jiménez-Muñoz, presidenta de la Asociación de Estudios Puertorriqueños (PRSA):

“En el contexto de la historia de las mujeres puertorriqueñas negras, las mujeres y la raza típicamente se presentan de manera separada”.

Sin embargo, Jiménez-Muñoz agrega que es prácticamente imposible estudiar la raza sin incorporar el género.

“De Burgos retó las normas sociales como mujer, pero su trabajo dilucida que el color de su piel amplió su recepción como autora”, dijo Watson.

Agregó que la identificación de De Burgos como mulata se complicó aún más ante una retórica anti-negros en Puerto Rico que pretendía cuestionar la legitimidad de los mulatos dentro de la esfera social y política de la isla.

“Entre 1930 y 1940 un discurso nacional de hispanidad borró la herencia negra de la imaginación colectiva de Puerto Rico”, dijo Watson. “Intelectuales como Antonio Pedreira y Tomás Blanco minimizaron la presencia negra en la isla y enfatizaron la herencia española del país para atacar al imperialismo estadounidense”.

Watson agregó que Pedreira creía que los mulatos, híbrido de europeos y africanos, eran una amenaza a la creación de una sociedad puertorriqueña homogénea.

“Irónicamente, Pedreira percibía a los mulatos como un impedimento tan grande al avance de la nación como los negros africanos o incluso los puertorriqueños de piel oscura”, dijo Watson.

Aún así, Pedreira argumentaba que los prejuicios raciales no existían en Puerto Rico.

Por su parte, Blanco argumenta en su texto “Prejuicio racial en Puerto Rico” que no había negros puros en la isla en la década de los treinta, que la cultura era blanca occidental, y que había muy poca influencia que no fuera hispana, según relató Watson.

Los trabajos de De Burgos fueron publicados en tiempos en que los nacionalistas puertorriqueños intentaban establecer una imagen nacional que no coincidía con la realidad.

Por otra parte, la poesía “negrista” de Luis Palés Matos enfrentó –en dicho contexto histórico– grandes críticas como las del periodista Luis Miranda, quien dijo que “el llamado arte negro no tiene vinculación con Puerto Rico”.

El movimiento “negrista” floreció en 1920 y 1930 como un retrato pseudo-negro que se enfocaba en los “atributos físicos de los negros así como su proeza sexual por la música”, según Watson.

Como parte de este movimiento se destacan poetas como Emilio Ballagas y Manuel del Cabral, además de Palés Matos, intelectuales blancos que hacían un objeto del sujeto literario negro, según Watson.

“Como resultado, el movimiento “negrista” ha sido comúnmente visto como una explotación de la cultura negra por parte de los escritores”, dijo Watson.

Así resumió Watson el contexto histórico en el que De Burgos vivió.

“Es necesario leer a De Burgos en el Contexto de la propaganda nacional que minimiza la presencia negra en la isla y el movimiento ‘negrista’ que retrataba a los negros y mulatos negativamente”, dijo Watson.

Aún en este contexto, De Burgos desafió los mitos del origen racial que dominaban su natal Puerto Rico, y específicamente los mitos de la raza negra y de las mujeres en la isla.

Watson recordó los últimos días de De Burgos, según escribió el poeta Jack Agüeros en la introducción del libro “Canción de verdad simple: Los poemas completos de Julia de Burgos”.

El autor relata una vez que de adolescente vio en las calles de Harlem (Nueva York) a un grupo de personas que caminaban torpemente, alcoholizados, mientras reían y platicaban fuertemente. Luego un amigo le señaló a la única mujer entre los hombres y le dijo que era Julia de Burgos, la poeta más grandiosa de Puerto Rico. Tiempo después, Agüeros volvió a toparse a De Burgos, esta vez en Central Park, y en peor estado. “¿Cómo esta mujer que parecía un vagabundo o una borracha podía ser la poeta más grandiosa de Puerto Rico”, se preguntó Agüeros.

De Burgos tuvo una trágica muerte a causa del alcoholismo y murió de manera anónima en 1953.. después ganó reconocimiento.

Según Watson, esta historia ejemplifica no solo la forma en que murió Burgos, sino también como vivió esta mulata de piel canela en una constante lucha a principios del siglo XX por reconciliar su raza y género.

 

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