Latino News and Opinion

Noticia de una industria mediática desinformativa
Por Edwin López / Redacción AL DÍA   
14:29 | 12/16/11
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“Cuando ves todas las necedades que publican los medios de comunicación, toda la basura que circula a diario, te frustras como periodista y te preguntas ¿por qué las cosas son así?, ¿por qué es tan difícil hacer buen periodismo en Estados Unidos?”.

Así, con la voz pausada pero el tono firme de quienes saben lo que dicen, Juan González comienza a contar la historia de cómo siete años de investigación terminaron condensados en las 453 páginas de su libro más reciente, News for All the People, coescrito con su colega y miembro de Free Press Joseph Torres.

 

Y nos es para menos. González, un periodista de esos que hoy poco se ven, de los que prefieren caminar la calle para conseguir de primera mano una historia, un archivo perdido o una de esas confirmaciones que terminan destapando ollas podridas -muy diferente de las nuevas generaciones acostumbradas a publicar dictados tomados por teléfono-; González -decíamos- entendió cómo funcionaba la industria mediática en la que él mismo ha trabajado durante 35 años.

La noche del pasado lunes 11 de diciembre, el hijo hispano del periodismo filadelfiano regresó a su antigua casa para presentar News for All the People: The Epic Story of Race and the American Media, editorial Verso, un tomo que analiza “de manera sistemática” el desarrollo del sistema de los medios masivos de comunicación en Estados Unidos y la lucha de las minorías raciales para ganarse espacios en la narrativa informativa durante los primeros siglos de la república.

“Este libro es el intento de entender por qué los medios de comunicación han hecho un trabajo tan miserable informando a la gente de este país” .

González se refiere a la manera como las grandes firmas mediáticas contribuyeron –y siguen haciéndolo– durante décadas a crear imaginarios en torno a las ideas de democracia y nacionalidad desde la perspectiva del hombre blanco.

La ideas forjadas en la psiquis colectiva nacional se hicieron por muchos años en oposición a las minorías étnicas y raciales, a las que siempre se las relacionó con hechos de criminalidad y disfunción social.

La narrativa que en los siglo XIX y XX exacerbó los sentimientos nacionalistas más fuertes hizo lo mismo en cuanto a los peores actos de violencia contra las incipientes, pero valientes, iniciativas periodísticas de las minorías.

A principios del siglo XIX, los temas más discutidos en la “joven repúplica” fueron la esclavitud y la expansión territorial. La manera como estos temas fueron cubiertos por los medios y los editores más influeyentes de entonces (muchos de ellos incitando a la violencia contra todo aquel que no fuera blanco), determinó el curso que tomaría la industria.

Sin embargo la segregación y y la expansión fueron solo una pieza del rompecaezas mediático del siglo XIX. La información era entendida como un derecho necesario para, como afirma González, “mantener unido al país”.

La creación del Servicio Postal junto al subsidio gubernamental que garantizaba la distribución de los periódicos en toda la unión, obedecieron a ese propósito. Pero también fueron esenciales en la configuración de la industria, paralelo al desarrollo de la democracia.

No en vano se lee en la introducción que “en ninguna otra parte del planeta la producción diaria de noticias hace parte integral de la imagen que la gente tiene de sí misma como sucede en Estados Unidos. Desde los inicios de la República, los estadounidenses han consumido más periódicos per cápita que cualquier otra sociedad”.

Es cierto, los estadounidenses siempre han tenido acceso a la información, no es solo un derecho consagrado en la Constitución, sino como una práctica cultural de consumo y producción de conocimiento.

Partiendo de esta premisa, los autores escudriñan entre los archivos de la historia del sistema mediática con la intención de encontrar las razones que explican por qué los medios masivos funcionan de la manera como lo hacen y, de paso, sugerir elementos de reflexión para un cambio que consideran necesario en el status quo mediático.

“[John Torres y yo] decidimos, tras unas investigaciones que iniciamos en 2002, que teníamos que sacar un libro que explicara dos cosas: primero, cómo se integra el tema de la raza en los medios masivos de comunicacion y, segundo, cómo está diseñado el sistema mediático de EE.UU. y la forma como ha reaccionado cada vez que se ha visto perturbado por un adelanto tecnológico”.

La centralización de los flujos de información

Antes de adentrarse en los detalles de su publicación, González hace la salvedad correspondiente; tal vez con el ánimo de llamar la atención de quienes piensan que éste es uno de tantos libros que se han escrito sobre el tema de la inclusión –e incursión– de las minorías en los medios.

Para el columnista del Daily News de Nueva York y presentador del programa radial y de televisión Democracy Now!, este trabajo no se queda en la crónica de como los afroestadounidense, hispanos, asiáticos e indígenas lograron insertarse con voz propia en los flujos de información.

“El libro es un análisis en torno a cómo el sistema llegó a ser lo que es” y cómo esa historia está amarrada a unos episodios específicos en los que la trilogía gobierno, monopolios y ciudadanía se han enfrentado por “un pedazo del bistec (poder)”.

En este punto, los autores recurren a la interpretación del efecto que ha tenido la tecnología en la insdustria mediática a los largo de su historia: desde el Servicio Postal y la locomotora hasta la televisión por cable y la internet.

Para González es claro que  cada vez que aparece un nuevo desarrollo tecnológico, el sistema informativo se desestabiliza, el pánico cunde y el gobierno entra a poner orden en la casa. Esa dinámica ha erminado afectado la libre circulación de la información y el concecuente ejercicio de la democracia.

De hecho, la tesis del libro se basa en las evidencias históricas que dan cuenta de cómo en el país del Laissez-Faire, el gobierno ha contribuído a la concentración de los medios de producción informativa en pocas manos, desde el imperio de Western Union hasta la era de Comcast, Time-Warner y AT&T.

“Nuestra investigación ofrece abundantes evidencias que prueban que la narrativa racial blanca siempre ha sido más virulenta y excluyente cuando nuestro sistema informativo ha estado más centralizado y controlado”.

Preguntado sobre por qué la gente del común debería interesarse por estos temas en vez de seguir trabajando para alimentar a sus famlias, González reconoció que en principio el libro no está dirigido al público en general, pero que el hecho de que brinde elementos de análisis lo convierte en una herramienta para entender mejor cómo funciona la democracia estadounidense.

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